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Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

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domingo, 14 de enero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 002 Pandemia

Capítulo 002
Pandemia

Día 15 de junio de 2017…
Puzol… 9:00 horas de la mañana…

—Mamá… No pierdas más el tiempo. Coge el equipaje que tengas que coger y sal de casa con papá. Id al instituto… Juanma y yo iremos más tarde. El sigue en la comisaria— decía Cristina mientras con una mano, llenaba su mochila. Las cosas en el pueblo se habían desmadrado tanto que las autoridades y el ejército, habían comenzado a actuar, convirtiendo ciertos puntos del pueblo como el instituto y el polideportivo, en refugios para los habitantes de Puzol. Ahí era donde permanecerían hasta que todo pasara… Con suerte.
— ¿Estás segura hija? — preguntó su madre. En la voz, podían detectarse muchas dudas.
—Si. Nos reuniremos con vosotros más tarde. Lo prometo…

Día 16 de junio de 2017
7:00 horas...

Los tres nos quedamos atónitos ante la masiva llegada de mensajes. Por lo visto, la línea había vuelto por unos segundos, permitiendo que los mensajes llegasen. Rápidamente, Cristina abrió la aplicación y vio que la mayoría de mensajes eran escritos, pero, había tres de ellos, con una duración superior a un minuto.
Los mensajes escritos mostraban una hora concreta, todos habían sido mandados a media noche, pero como en esos momentos no había línea, no habían llegado. Podíamos leer que preguntaba si tardaríamos mucho en llegar, esos eran los mensajes más tranquilos, pero a medida que la hora de los mensajes iba en aumento, también lo hacía el nerviosismo en la escritura. Llegamos por fin a los mensajes de audio y los escuchamos atentamente, lo primero que nos dimos cuenta, fue el ruido de fondo, eran gritos, disparos y explosiones.
En los primeros audios se escuchaba hablar a la madre, a mi suegra. Totalmente nerviosa. Nos decía que estaban dentro del gimnasio del instituto y que los muertos eran muchos. También, en otro de los mensajes, la madre de Cristina trataba de decirnos algo sobre mi suegro, pero el ruido no nos dejaba entender que quería decir. El último mensaje se cortó con la voz de mi suegra, diciéndole a Cristina que la quería, y diciéndome a mí, que cuidara de su hija.
Los tres volvimos a mirarnos, al no haber más mensajes, era imposible saber que más había pasado. Aunque ese último mensaje, sonaba a despedida. Cristina se guardó el móvil de nuevo en el bolsillo y se cargó su mochila al hombro.
—Tenemos que ir… Mis padres nos necesitan…
—Cris…— David iba a decir algo. Probablemente lo mismo que yo estaba pensando, pero Cristina se adelantó.
—No lo digas… No te atrevas a decirlo— ella me miró a mí —Tú me entiendes ¿No? Sabes que debemos ir.
Miré a David en ese momento —Aun existe la posibilidad de que sigan vivos. Nuestras familias también se encuentran allí… Debemos comprobarlo.
David asintió entonces —Muy bien. Pues hagámoslo. Salgamos de aquí.
Los tres salimos por la puerta y nos quedamos de pie ante el cobertizo. En el suelo aun podían verse las huellas de los pies descalzos de la mujer que habíamos visto durante la noche y que, en algún momento, esta se había marchado.
Miramos al cielo y lo vimos de un color grisáceo, pero no por que estuviera nublado, sino porque la ceniza de los distintos incendios, lo cubría todo.
Caminamos hasta la orilla del rio y comenzamos a caminar con intención de alcanzar el segundo puente. Íbamos caminando con todos los sentidos alerta, fue entonces cuando vimos lo que parecía un cuerpo flotando en el agua, y conforme nos íbamos acercando, confirmamos que efectivamente se trataba de un cuerpo humano… Y no era el único. Había bastantes cuerpos más, eran hombres y mujeres de distintas edades, había incluso niños.
—Probablemente eran pasajeros del avión— dijo David señalando los restos del aparato volador que todavía podíamos ver en la distancia.
— ¿Podemos seguir? — preguntó Cristina apartando la mirada de las más de tres docenas de cuerpos.
Seguimos caminando hasta que llegamos al puente. Este estaba en muy buen estado, aunque en él, había varios vehículos parados.
—Puede que podamos utilizar alguno— dijo David acelerando el paso. Comenzó a caminar entre los coches, observando dentro de ellos con la esperanza de ver las llaves puestas en alguno. Finalmente, vio las llaves puestas en uno y su cara se iluminó. —Estamos de suerte—David cogió el tirador y entonces se activó la alarma.
El sonido de aquella alarma era ensordecedor allí, tanto que tuvimos que taparnos los oídos. Los faros también comenzaron a encenderse de forma intermitente.
—Apaga eso— le dije alzando la voz. El, asintió y comenzó a toquetear los botones del salpicadero, pero sin éxito. Fue en ese momento cuando vi varias siluetas avanzar hacia nosotros por ambos lados del puente. Al principio, pensé que eran personas, pero cuando los vi mejor, supe que estaba muy equivocado. Eran caminantes. De repente, uno de aquellos seres apareció arrastrándose por debajo de uno de los coches y agarró el tobillo de Cristina. Este intentó morderla y yo tuve que moverme rápidamente para evitarlo, le asesté una violenta patada en la cabeza y aquel ser soltó a mi mujer, pero, aun así, no pareció que mi patada le hiciese daño. Este se puso en pie lentamente y yo lo empujé con todas mis fuerzas. El cadáver viviente pasó por encima de la barandilla del puente y se precipitó al agua. Cuando alcé la cabeza, vi que cada vez había más de aquellos seres rodeándonos. Había tantos que nos iba a ser imposible avanzar con el coche. Estábamos atrapados en el centro del puente, con la alarma del coche, sonando sin poder ser apagada.
—Salgamos de aquí— les dije a David y a mi mujer —Saltemos.
David asintió y se alejó del coche que había tratado de coger, pero cuando lo hizo, se vio sorprendido por un hombre muerto. Este lo agarró del hombro y trató de morderle, pero entonces, David se zafó de él, lo empujó y abrió fuego contra él, disparándole tres veces en el pecho. El cuerpo cayó de espaldas, pero aún no había terminado de tocar el suelo con todas las extremidades, cuando estaba comenzando a levantarse de nuevo.
— ¿Pero qué cojones?...
Sin perder más tiempo, tomé a mi mujer del brazo y tiré de ella. Nos acercamos a la barandilla de hierro del puente y entonces me miró. —No sé nadar— pero sin embargo ignoré aquello. Su madre me había pedido que la protegiera y eso iba a hacer. La cogí en brazos y salté al agua.
Ambos salimos a la superficie al mismo tiempo que David tras efectuar un par de disparos, saltaba al agua. Rápidamente, me apresuré a coger a mi mujer para sacarle la cabeza del agua.
—Nademos hacia la orilla— dijo David señalando hacia la orilla que queríamos alcanzar atravesando el puente.
David y yo, con mi mujer prácticamente subida sobre mi como si fuera una barca, comenzamos a nadar mientras veíamos a los muertos vivientes doblarse sobre la barandilla y caerse al agua para no volver a salir a flote.
Logramos alcanzar la orilla y nos paramos a descansar. Cristina se había dejado caer a cuatro patas y había comenzado a toser, expulsando la poca agua que había tragado.
—Al menos ya sabemos que no saben nadar— dijo David mirándome y después, mirando a los cuerpos que seguían cayendo al agua.
—Salgamos de aquí— dijo Cristina incorporándose.
Los tres subimos el terraplén y alcanzamos la acera. Justo delante de nosotros, teníamos una tienda de pesca junto a una tienda de revelado de fotos. Desde allí, vimos a varios de aquellos muertos que habían comenzado a caminar hacia nosotros. La alarma ya había dejado de sonar.
Los tres comenzamos a correr, sin dejar de mirar a nuestras espaldas. Íbamos a intentar despistarlos. Nos adentramos en una calle estrecha y peatonal. Seguimos adelante y llegamos a una avenida. Allí, lo que vimos nos dejó atónitos. A ambos lados de la avenida, había vehículos calcinados o destrozados, ninguno de ellos nos iba a servir. La zona era como si hubiese estallado una guerra terrible, no se veía ni un alma, ni siquiera en los bloques de viviendas que teníamos frente a nosotros. Lo único que veíamos en las ventanas de las viviendas, eran sábanas blancas con mensajes de socorro escritos.
—Mira eso— dijo en ese momento David mientras señalaba la calle por la que habíamos venido. Esta estaba llenándose de caminantes que seguían nuestros pasos. También comenzaban a surgir de otra de las calles cercanas.
Sin perder más tiempo, los tres comenzamos a correr, ya ni siquiera mirábamos atrás. Doblamos una nueva esquina y llegamos a otra calle, la recorrimos a toda velocidad y llegamos a otra avenida, pero fue entonces cuando nos detuvimos en seco. Lo que vimos allí no podía compararse a la avenida anterior. Ante nosotros, había miles de caminantes parados y deambulando por la zona. También podíamos ver restos de helicópteros y otros vehículos militares, todo destrozado. Aquello fue tan repentino que apenas tuvimos tiempo de reaccionar, ni siquiera cuando al vernos, comenzaron a caminar hacia nosotros. Inesperadamente, se movieron demasiado rápido. Entonces, David y yo nos vimos obligados a levantar nuestras armas y abrir fuego mientras retrocedíamos.
Nuestros disparos retumbaban por toda la avenida, y era lo único que estábamos consiguiendo, porque los disparos no hacían mella en ellos, seguían avanzando, prácticamente acorralándonos. Lograron hacernos retroceder hasta que llegamos a una nueva calle por la que comenzamos a correr, esquivando a los muertos vivientes que nos salían al paso y trataban de agarrarnos. Llegamos a una plaza, esta era la principal del pueblo, y allí, se encontraban el ayuntamiento del pueblo y una iglesia… Y también, otra gran cantidad de aquellos seres se acercan a nosotros desde otro punto, cortando todas nuestras vías de escape. David y yo, nuevamente comenzamos a disparar. Disparamos hasta que la munición del cargador que teníamos puesto comenzó a agotarse… Y cuando eso sucediese, estaríamos muertos.
—Al camión— dijo en ese momento mi mujer mientras señalaba a un punto. Y miré a donde señalaba y entonces vi a lo que se refería. Había un camión de color verde empotrado en una de las paredes del ayuntamiento. Rápidamente, supimos a lo que se refería y comenzamos a correr hacia él, mientras agotábamos la munición. Logramos alcanzar la cabina del camión y trepamos por ella, alcanzando así el tráiler. Una vez allí, cambiamos los cargadores y apuntamos a aquellos seres por si intentaban subir, pero eso no sucedió. Una cantidad cada vez más creciente de aquellos seres, se aglomeraba a ambos lados del camión, alzando los brazos para alcanzarnos. Nosotros, los observábamos desde arriba. Viendo como gruñían y gemían.
—Lo hemos conseguido— dijo Cristina sentándose —Y aquí no parece que puedan subir. Ni siquiera lo intentan.
—Pero nosotros ya no podemos bajar. Lo único que hemos conseguido es aplazar un poco más nuestro final— dijo David sentándose también en el suelo.
Mi compañero y amigo tenía razón. Habíamos logrado escapar de esos seres, pero al mismo tiempo, habíamos en parte, cometido un error. No íbamos a poder bajar de ahí nunca y así, solo aguantaríamos unos pocos días antes de morir de hambre y de sed.
*****
Pasaron varias horas hasta que llegó el medio día, el calor comenzó a volverse sofocante. Al mismo tiempo, los gruñidos y los gemidos cada vez se iban volviendo más insoportables. Estaban acabando con nuestros nervios. David estaba dando vueltas por encima del remolque del camión mientras yo me sentaba junto a mi mujer.
—Hasta aquí llegamos…— dijo ella sacándose la fotografía de nuestra hija del bolsillo. —Supongo que pronto estaremos con ella.
—Lo siento… Se supone que debía protegerte… Así lo expresó tu madre en ese mensaje. Lo único que he conseguido ha sido traerte a un punto de no retorno— respondí conteniendo las ganas que tenía de llorar. Me sentía fatal, me sentía como si yo mismo hubiese matado a mi mujer y a mí mismo. En cierto modo así era.
—Míralo de este modo. Al menos podremos elegir el modo en que queremos morir. En ese sentido somos afortunados ¿Cómo lo podemos hacer? ¿Una bala para cada uno?
—No vamos a morir. Yo no dejaré que suceda— respondí —Vamos a sobrevivir a esto. Aun no sé cómo, pero vamos a sobrevivir a esto— en ese momento, Cristina me puso la mano en la mejilla y me miró a los ojos, en los cueles, pude ver la derrota y la desesperanza. Iba a hablar, pero entonces escuché a David llamarme. Yo entonces miré a mi mujer —Ahora vengo.
Me levanté y caminé hacia David. Él estaba de pie al borde del tráiler en el que estábamos subidos, frente a nosotros, teníamos la pared del ayuntamiento. La fachada presentaba varios salientes.
—Fíjate— dijo David señalándome hacia una de las ventanas que estaba abierta, esta estaba a unos metros por encima de nosotros. Otra ventana estaba más o menos cerca de nosotros, pero cerrada. —Se me ha ocurrido algo. Podría trepar hasta esa de ahí arriba, bajar unos pisos y abrir esa de ahí. Tender una especie de puente y así, vosotros dos podríais entrar.
—¿Estás loco? Aunque lograses agarrarte a los salientes… Un paso en falso te haría caer… Morirías. No pienso dejar que lo hagas.
—Gracias por la preocupación, pero no te estaba pidiendo permiso. Solo te informaba de lo que iba a hacer— respondió David mirándome mientras se llevaba las manos a la cintura y luego volvía a mirar a la ventana. —Si logro alcanzar esa ventana, tendremos posibilidades. Quedarnos aquí arriba… Lo único que nos traerá es la muerte. Hay que hacer algo. Además, sabes que escalo bien.
Lo que decía David era cierto, más de una vez habíamos ido de escalada y con diferencia, él era el que mejor escalaba de todos. No había ni punto de comparación, si alguien lograba alcanzar esa ventana, ese sería el sin duda.
—Está bien, pero ve con cuidado— dije dándole una palmada en el hombro. —Suerte.
—Si… Por qué a ti no te dejo esta responsabilidad ni de coña— respondió el con una sonrisa.
Era momento de prepararse. Él se quitó el cinturón con la pistola y me lo entregó a mí — ¿Qué harás si te encuentras a alguno de estos ahí dentro? — le pregunté.
—Un par de hostias y finiquitado. Esto es a mano, el cinturón solo me estorbaría— respondió David.
—Aun estás a tiempo de echarte atrás— le dije intentando que se lo pensara mejor.
—Ya está decidido. Allá voy— dijo el acercándose al borde y mirando abajo. Después retrocedió unos pasos hasta el otro extremo del tráiler para coger carrerilla. Una vez se preparó, comenzó a correr y saltó. Fue un salto increíble y preciso. Sin problemas, logró agarrarse a uno de los salientes y se quedó colgado. Debajo de él, los caminantes comenzaron a apelotonarse los unos contra los otros, levantando los brazos para agarrarlo.
Rápidamente, David se balanceó en el saliente y logró alcanzar con los pies otro. Se soltó del primero y se quedó totalmente agarrado. Cristina y yo lo observábamos desde la superficie del tráiler, ambos teníamos el corazón en un puño. Un solo error y estaría muerto.
—Cristina— dije mirando a mi mujer. Entonces le di la pistola de David —Si algo pasa… Si David cayese… Bajaré a por el… Necesitaré que nos cubras desde arriba… Incluso… Si ves que no lo vamos a conseguir…
—Nunca haría eso— respondió ella —Él lo conseguirá— Cristina sabía muy bien que iba a decirle si nos veía en problemas. Ambos volvimos a observar a David. Él estaba nuevamente trepando por la pared, con cuidado y buscando siempre un saliente del que poder agarrarse. Lo cierto era que lo estaba haciendo muy bien. Si seguía así, no tardaría en alcanzar la ventana que tenía como objetivo.
David logró alcanzar por fin la ventana. Con un rápido movimiento, logró introducirse en el interior del ayuntamiento, una vez dentro, se aseguró que no hubiese nadie más allí dentro con él. rápidamente, se asomó por la ventana.
—Veré que puedo encontrar. Quizás en el cuarto de mantenimiento pueda encontrar una escalera que utilizar como puente.
—Muy bien, pero ve con cuidado ahí dentro— respondió Cristina.
David se apartó de la ventana y miró a su alrededor, confirmando nuevamente que no hubiese nadie más allí. Se dio cuenta de que se encontraba en una especie de oficina. Así lo delataban la cantidad de ordenadores que había allí, los archivadores y las mesas. Por las pintas del lugar, parecía que habían abandonado el lugar rápidamente. Algo que a David no le sorprendió en absoluto, estaba seguro de que la comisaria en la que trabajaba, estaba más o menos igual.
Se acercó a la única puerta del lugar y giró el pomo, por suerte estaba abierta. Salió a un pasillo oscuro, donde enseguida notó un olor bastante nauseabundo, enseguida supo a que era debido, a unos metros de él, tumbado boca abajo, se encontraba el cuerpo de una mujer rubia de pelo rizado. Su ropa estaba hecha girones y manchada de sangre.
Caminó hacia delante y pasó por encima del cuerpo, entonces, ocurrió algo que casi hizo que se le parara el corazón. El cadáver alzó la mano y trató de agarrarle. David lo esquivó rápidamente y se apartó. El cadáver trató de arrastrarse hacia él, pero estaba tan destrozado que no podía moverse demasiado.
David no quiso perder más el tiempo, se alejó del cadáver y alcanzó las escaleras que daban al piso inferior. Tenía que alcanzar el cuarto de mantenimiento del ayuntamiento. Allí dentro debía haber algo que le sirviera, lo que más le interesaba, es que allí dentro hubiese una escalera.

Bajó rápidamente los escalones, pero sin dejar de mirar en todas direcciones, asegurándose de que no hubiese más seres de esos allí dentro, pero era evidente que estaba solo, aun así, seguía escuchando los gemidos y gruñidos del exterior. Por fin llegó a la planta baja del ayuntamiento. Allí el ambiente era tan desolador como el de la oficina, una muestra más de que se habían largado sin mirar atrás. Miró entonces hacia la puerta y vio a través de los cristales las sombras de aquellos seres de la calle, también vio parte del destrozo que había hecho el camión al empotrarse contra la pared. Por lo poco de la cabina que se veía, esta había reventado parte de la pared y había bloqueado por completo la entrada. Lo que más se veía eran escombros, cristales rotos y restos de aquellos seres. Lo que más le llamó la atención, fue una cabeza que había en el suelo, esta aun abría y cerraba la boca, era un espectáculo macabro. Rápidamente apartó la vista y se dirigió al cuarto de mantenimiento, recordaba donde estaba. Llegó a la puerta y cuando se dispuso a abrirla, se vio sorprendido por la espalda, el cañón de un arma se situó en su nuca y la voz de un chico le advirtió que no se diera la vuelta o estaría muerto.

domingo, 7 de enero de 2018

ZOMBIES: Capitulo 001 El comienzo

Capitulo 001
El comienzo

Todo comenzó a mediados de mayo, aunque nadie sabía con exactitud ni el cómo ni el dónde, pero cuando quisimos darnos cuenta, ya era demasiado tarde.
El mundo comenzó un viaje sin retorno hacía su final… Un final terrorífico y macabro.

Día 15 de junio de 2017
Puzol… 20:30 de la tarde…

Me encontraba en el baño de mi casa, mirándome en el espejo tras lavarme la cara y las manos, mientras trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo y lo que estaba por venir. Me veía a mí mismo y era como ver a un desconocido, los últimos días había descuidado mi aspecto y la barba había comenzado a cubrirme la cara, mi cabello negro estaba revuelto y grasoso. Mi mirada era cansada debido a que hacía días que no dormía nada.
De repente el sonido de un disparo me sobresaltó, aunque no era el único que se escuchaba, eso, era algo que se repetía desde hacía días en distintos puntos de nuestro pueblo, pero hasta eso momento, no se había escuchado tan cerca. Este venía de mi misma calle. Salí del baño, me tropecé con el mueble que había al lado de la puerta, pero pese a que me hice daño, seguí avanzando, llegué a la ventana más cercana y miré a través del cristal.
Mi mirada se dirigió hacia la calle, justo detrás del muro que separaba mi casa de la acera. Al otro lado, podía ver las demás casas de la urbanización donde vivía con mi mujer. Escuché el motor de un helicóptero y alcé la vista, justo en el momento preciso para ver el aparato de metal surcar el cielo, un cielo que pese a ser todavía de día, estaba oscurecido por culpa de las numerosas columnas de humo que se erguían desde distintos puntos del pueblo. Era evidente que había multitud de incendios, los cuales, nadie iba a apagar.
Un nuevo ruido llamó mi atención y volví a bajar la mirada. Fue en ese momento cuando vi a los vecinos de enfrente salir de su casa cargados con maletas. Ellos estaban nerviosos, el marido en concreto iba armado con un bate de baseball y miraba en todas las direcciones. Cargaron sus pertenencias en su vehículo y salieron de allí a toda velocidad. Eso, era lo que nosotros íbamos a hacer.
Me aparté de la ventana y me dirigí a las escaleras de la casa. Comencé a subir poco a poco los escalones en medio de la cada vez más creciente oscuridad. Podría haber encendido la luz, pero no era necesario, no lo necesitaba. Una vez en el piso superior, me dirigí a la habitación que compartía con mi esposa Cristina. Me paré frente a la puerta, poco después entré y me la encontré sentada en la cama mirando una fotografía de nuestra hija, sin prestar atención a la televisión donde una y otra vez se repetían las direcciones de los lugares del pueblo a donde podíamos ir a refugiarnos con los demás habitantes del pueblo, hacia donde en teoría se dirigirían nuestras familias, con las cuales no habíamos podido contactar todavía pese a que lo habíamos intentado varias veces. Al mismo tiempo, una voz en off repetía una y otra vez las precauciones que debíamos que tener con los infectados, los cuales, eran peligrosos. A los que no debíamos acercarnos bajo ningún concepto… Ni, aunque fueran familiares. Antes de que la programación habitual se fuera al garete, había varios debates y noticieros donde se referían a los infectados como muertos vivientes. Esa fue la primera vez que se escuchó esa palabra… Y el número de estos, no dejaba de crecer.
Cristina, mi mujer alzó la mirada cuando me escuchó entrar y se apartó el mechón de pelo negro que tenía sobre la cara. Me fijé entonces, sus ojos estaban rojos a causa de haber estado llorando mientras observaba la foto de nuestra difunta hija. Ver esa fotografía, trajo a mi mente aquel maldito día donde un conductor que se dio a la fuga, atropelló a nuestra pequeña. Un día que ninguno de los dos iba a poder olvidar jamás.
—¿Has seguido intentando contactar con tus padres? — pregunté señalando al móvil que estaba en la cama justo a su lado.
Ella negó con la cabeza —No contestan…
—Cristina…— murmuré acercándome a ella. Sabía perfectamente lo que estaba pasando por su mente. Ella desde el primer momento no quiso abandonar nuestra casa por nada del mundo, porque era como dejar atrás los recuerdos sobre nuestra hija.
—No quiero dejar atrás nuestra casa. Hay demasiados recuerdos— dijo ella.
—Yo tampoco, pero debemos hacerlo. Por lo menos hasta que esto se solucione. Es solo algo temporal— respondí.
Nuestra idea era ir al Instituto donde ella trabajaba como profesora. El instituto era uno de los lugares indicados como refugio y era allí donde mediante mensajes, antes de perder el contacto, habíamos enviado a nuestras familias, con la esperanza de encontrarnos después.
Me acerqué a mi mujer y me agaché delante de ella, mirándola a los ojos mientras le cogía de las manos. —Guarda esta foto. Es el único recuerdo que no debemos dejar atrás, volvamos a casa o no. Llévala contigo cerca del corazón.
En ese momento, escuchamos una gran explosión, seguida de una enorme bola de fuego que pudimos ver desde la ventana de nuestra habitación. Me levanté y me acerqué a la ventana. Lo que había explotado, a juzgar por la columna de humo, era la gasolinera que teníamos relativamente cerca. La única que había en la urbanización. Iba a decir algo cuando noté que mi móvil comenzaba a vibrar. Rápidamente me llevé la mano al bolsillo y lo saqué pensando que podría ser alguien de nuestras familias, pero no era ninguno de ellos, era David, mi compañero. Ambos éramos inspectores de policía.
Sin pensármelo mucho, descolgué el teléfono —Aquí estoy…
—¿Estáis bien? Las cosas están muy jodidas tío. En breves momentos pasaré a recogeros. Estad preparados.
Miré a Cristina, la cual, había vuelto a centrar su atención en la fotografía. Asentí y comencé a hablar —¿Has podido contactar con tu familia? Nosotros hemos perdido el contacto desde hace horas.
—La línea va a ratos. Caerá en cualquier momento. Estoy llegando, bajad a esperarme… Y tened cuidado…— dijo David a través del auricular.
La llamada se cortó, me guardé el teléfono móvil en el bolsillo y me dirigí a la cómoda. Abrí un cajón, levanté el fondo, el cual era doble y entonces saqué mi arma reglamentaria de la policía. Cuando David me dijo que tuviéramos cuidado, enseguida supe que probablemente iba a tener que usarla en algún momento.
Me dirigí al armario más cercano y saqué un par de mochilas, enseguida comencé a llenarlas de cosas. Cogí linternas y pilas para estas. Cuando terminé con eso, me dirigí a Cristina.
—Llegó el momento. Vamos.
Ella cogió una de las mochilas y se la colgó al hombro. Se puso en pie mientras se guardaba la fotografía de nuestra hija en el bolsillo. Ambos salimos de la habitación. Ni siquiera nos molestamos en apagar el televisor de nuestro cuarto. Bajamos las escaleras poco a poco, una vez llegamos al salón, vimos un haz de luz que se filtraba a través de las ventanas. Por un momento pensé que podría ser David, pero enseguida me di cuenta de que no. Cuando miré a través del cristal, vi un vehículo militar. Al lado, había dos militares que estaban bloqueando una puerta, a la que habían marcado una X de color rojo.
Cristina sin saberlo, se dirigió hacia la puerta de nuestra casa con intención de abrirla, pero yo, le hice un gesto para que se detuviera. Si los militares nos veían, podrían creer que estábamos infectados y disparar contra nosotros.
Nos quedamos un rato observando a los militares. Estos estuvieron varias veces a punto de adentrarse en nuestro jardín, pero entonces, uno de ellos le hizo un gesto al otro. Después, ambos se subieron a su coche y se marcharon. Apenas un minuto después, supe el por qué se marchaban. Varias siluetas tambaleantes tomaron la calle, avanzando todos a la vez. Llegué a contar hasta una docena de ellos. Eran infectados, muertos vivientes… Caminantes…
Cristina se acercó a mí y también miró. Al igual que yo, era la primera vez que los veíamos tan de cerca. Las únicas veces que los habíamos visto antes, había sido a través de internet o de la televisión.
Se hicieron las nueve de la noche y fue entonces cuando vimos un vehículo llegar a nuestra calle. Se trataba de un coche de color blanco. Este se paró frente a nuestra puerta y de él, se bajó un hombre de pelo castaño. Era David, había llegado.
—David está aquí— dije mirando a Cristina.
Ambos salimos por la puerta y recorrimos el jardín. Llegamos a la puerta y salimos a la calle. Una vez fuera, nos encontramos con David. Yo le estreché la mano y después, Cristina le dio un abrazo. Fue entonces cuando vi que, en la camisa blanca de David, había una mancha de sangre tan grande como un puño. Él se dio cuenta y me miró.
—No es mía— dijo David refiriéndose a la sangre —Me salpicó cuando disparé contra un infectado que se me echó encima. Aunque no lo maté, pese a que le disparé en el pecho y luego en las piernas… Seguía moviéndose e intentando levantarse. No me avergüenza reconocer que me acojoné.
En ese momento escuchamos un ruido al final de la calle. Un coche abandonado había sido golpeado y la alarma se había activado. Justo a su lado, una nueva multitud de caminantes avanzaba hacia nuestra posición. Eso hizo que mirara a David.
—Salgamos de aquí ahora mismo.
Los tres nos subimos al coche rápidamente. David se puso al volante y encendió el motor. Enseguida el coche comenzó a moverse.  Yo miré una vez más a nuestra casa desde el asiento del copiloto. Quizás, esa era la última vez que la miraba.
El vehículo circulaba por las calles de la urbanización. Nuestro destino era el instituto, y para llegar a él, debíamos primero adentrarnos en el pueblo y cruzarlo.
David entonces encendió la radio. Enseguida escuchamos la frecuencia de la policía. En ella, nos estábamos enterando de todo. De la situación en nuestro pueblo y en los demás pueblos cercanos. Una situación totalmente fuera de control. Hablaban de que no lograban abatir a los caminantes que avanzaban y de que las bajas civiles como de las fuerzas del orden, eran cada vez mayores. Llegamos a un cruce y allí, vimos a varios caminantes inclinados sobre el cuerpo de un hombre, que, por las ropas, aunque destrozadas y ensangrentadas, se trataba de un militar.
Dejamos atrás ese cuerpo y seguimos avanzando hasta salir de la urbanización en la que vivíamos. Tomamos un camino que nos llevaba directos al pueblo. Pasamos junto al hospital del pueblo y vimos que estaban tratando de evacuarlo tanto por tierra como por aire. Seguimos avanzando y nos cruzamos con un convoy de vehículos particulares que huían en dirección contraria a la nuestra. Eran personas que habían tomado la opción de escapar del pueblo en lugar de refugiarse en uno de los puntos ubicados en él.
—En el pueblo las cosas están más desmadradas— comenzó a decir David —La gente está desesperada y los militares están desbordados. Los nuestros están también saturados.
Lo que dijo en ese momento David, me hizo recordar como aquella misma mañana, él y yo habíamos dimitido de nuestros puestos para dedicarnos única y exclusivamente para salvar a nuestras familias. Quizás un acto egoísta, pero en esos momentos, poner a salvo a nuestras familias, era lo más importante. Y no habíamos sido los únicos, el primero en abandonar el barco había sido el comisario, para irse con su amante.
Llegamos al puente, uno de los dos que nos llevaban directos al pueblo, pasando por encima del rio. Fue cuando nos llevamos una desagradable sorpresa. Había un atasco enorme entre gente que trataba de acceder a los refugios del pueblo y gente que desesperadamente, trataba de escapar de él. Aquello era dantesco y la gente, salía de los vehículos para tratar de averiguar que pasaba más a delante.
— ¿Qué demonios hacemos ahora? — preguntó Cristina mirando entre los dos asientos.
La pregunta de Cristina hizo que David y yo nos miráramos. Rápidamente, me di la vuelta y miré a mi mujer —Vamos a ver qué pasa ahí delante. Quédate en el coche.
Mi mujer asintió y nosotros salimos del coche. Delante de nosotros y a ambos lados, había tanto vehículos como personas. Algunas incluso, habían pasado por encima de la valla y avanzaban de lado agarrándose a la barandilla, una acción peligrosa si teníamos en cuenta que un paso en falso o un golpe, los haría caer desde una altura de casi diez metros.
David y yo avanzábamos entre los vehículos mientras yo me iba fijando en las personas que se cruzaban con nosotros. Aquello era un verdadero caos. Llegamos al centro del puente y desde allí teníamos una visión perfecta del otro extremo. Lo que había provocado el atasco, había sido una barrera de militares. No nos estaban permitiendo entrar al pueblo.
—La madre que los parió— dijo David. Después me lanzó una mirada —Volvamos al coche. Intentaré dar la vuelta.
Yo asentí sin dejar de mirar a la barrera de los militares. Podía ver a la gente increpando a los soldados cuando no les dejaban pasar. La verdad es que sentí ganas de ir hacia ellos y obligarles de algún modo a que nos dejaran cruzar.
Los helicópteros comenzaron a sobrevolar el puente. Desde ellos, mediante megáfonos, nos decían que diéramos la vuelta. Aunque eso no era lo que queríamos hacer. Nuestra intención era llegar al instituto. Nuestras familias estaban, o por lo menos, debían estar allí.
David y yo regresamos al vehículo. Justo cuando íbamos a entrar, escuchamos un fuerte estruendo, acompañado de un resplandor de color rojo. Toda venia del otro extremo del puente, donde estaban los militares. David y yo volvimos a mirarnos y Cristina, también salió del vehículo.
— ¿Qué ha pasado? ¿Eso fue una explosión?
—Eso parece— respondí.
De pronto, comenzaron a escucharse disparos en ráfagas y los gritos. En pocos segundos, una marabunta de gente comenzó a surgir delante de nosotros. Cientos de personas venían hacia nosotros. Todos gritaban de puro pánico. Nosotros estábamos confusos, no entendíamos que estaba sucediendo. Aun así, no esperé. Agarré a mi mujer de la mano y comenzamos a correr, con David justo detrás de nosotros, dejando atrás su coche. Teníamos que salir de allí cuanto antes.
Estábamos llegando a la parte inferior del puente cuando vimos unos helicópteros militares. Estos estaban sobrevolando la zona. No tardamos en ver como comenzaban a disparar. Nosotros nos detuvimos ocultándonos detrás de un contenedor de basura. Desde allí, vimos como el puente se venía abajo, con vehículos y personas incluidas. Muy pocos habían logrado escapar.
—Dios mío…— dijo Cristina llevándose las manos a la cara. Estaba totalmente consternada por lo que acababa de presenciar. Y no era la única.
—Han volado el puto puente— dijo David totalmente pálido. Por su cara, no terminaba de creérselo. Se giró entonces para mirarme —Han asesinado a gente…
Sin saber que decir, me fui dejando caer hasta quedarme sentado, con la espalda pegada al contenedor de plástico. Necesitaba reponerme. Intenté entender que había pasado y enseguida, una idea me vino a la mente. Justo antes de que lanzaran las bombas sobre el puente, la gente huía en dirección contraria y los militares habían comenzado a disparar. Quizás, los infectados habían llegado al puente.
—Juanma…
La voz de mi mujer me sacó de mis pensamientos y alcé la vista para mirarla. Ella clavó sus ojos marrones en los míos —Tenemos que irnos de aquí.
—Tomaremos el otro puente. Espero que siga en pie— dijo David.
El otro puente al que se refería David no era tan alto. Era uno cubierto que iba en línea recta en lugar de en forma de arco como el que habíamos acabado de ver venirse abajo. El único problema, era que estaba un poco lejos e íbamos a tener que alcanzarlo a pie, arriesgándonos demasiado.
—Caminemos junto al rio. Si el puente ha caído… Tendremos que cruzarlo a nado como podamos— dije mirando a mi mujer. Ella no sabía nadar y quería evitar esa opción.
Los tres bajamos hasta la orilla y comenzamos a caminar. Con cada paso que dábamos, escuchábamos las explosiones y los disparos que venían de todas las direcciones posibles. También veíamos los distintos resplandores rojos que venían del pueblo a causa de los incendios.
Llevábamos una media hora andando cuando Cristina nos pidió que paráramos a descansar. Aunque me imaginé que lo que le pasaba no era cansancio, si no estrés. Necesitaba parar… Y David y yo también. Necesitábamos respirar.
Buscamos un sitio que parecía seguro y allí nos quedamos, rodeados de pinos y sentados en unos bancos del parque que había junto al rio. Allí no había ni un alma. De no ser por los disparos y explosiones que se escuchaban, allí reinaría el silencio. En tiempos pasados, había sido un sitio tranquilo, ideal para parejas que buscaban intimidad.
—Deberíamos tener los ojos bien abiertos aquí…— dijo David comprobando el cargador de su pistola. —A ver, sé que tenemos que llegar al instituto, pero es de noche. Quizás a la luz del día sea más seguro. Propongo que pasemos aquí la noche. Hay un cobertizo de guardas aquí cerca. Podríamos descansar ahí ¿Qué opináis?
—Yo estoy agotada… Lo que he visto hoy… Ha sido demasiado. No sé si podría seguir…— dijo Cristina dejando de mirar al suelo y mirándome a mí. Yo asentí. Podía comprenderla perfectamente.
Nos quedamos allí en el mismo sitio unos diez minutos y después, nos pusimos en marcha. Íbamos a intentar pasar la noche en el cobertizo que había mencionado David. Nos encerraríamos dentro y trataríamos de dormir. Quizás. Al día siguiente, las cosas hubiesen mejorado y fuera más seguro avanzar y alcanzar por fin el maldito instituto. Era increíble que algo que había en el mismo pueblo, al mismo tiempo pareciera estar tan lejos.

23:00 horas…

Alcanzamos el cobertizo que estábamos buscando. Nada más acercarnos, pudimos comprobar que la puerta estaba cerrada con llave, algo bastante lógico, pero lo que de verdad nos llamó la atención, fue la mancha de sangre que había en la puerta, y era sangre reciente. Eso nos hizo ponernos todavía más alerta.
—Tendremos que forzarla y luego bloquearla desde el otro lado una vez estemos dentro— dije mirando a David. Mientras, mi mujer miraba a través de los cristales de la ventana del cobertizo.
— ¿Disparo al cerrojo? — preguntó David.
—No. Podríamos tener problemas si hacemos eso. Tiene que haber otra manera… Tiene que…— no terminé la frase. Un fuerte ruido me interrumpió, pero no era un ruido cualquiera. Era atronador.
— ¿Qué demonios es eso? — preguntó Cristina corriendo hacia nosotros.
Fue en ese momento, como respondiendo a la pregunta de mi mujer. La sombra de una enorme figura se situó sobre nosotros. Rápidamente alzamos la mirada y vimos un avión de pasajeros pasarnos justo por encima. Lo hizo a tan poca altura, que sentimos como si el suelo nos atrajese hacia él. Nos tiramos al suelo rápidamente. Segundos después, escuchamos un fuerte estruendo seguido de una explosión. Nos levantamos tambaleantes, todavía mareados por la presión del ambiente tras el paso del avión, fue entonces cuando vimos que el enorme aparato de metal se había estrellado en el rio. A unos doscientos metros más o menos de donde estábamos nosotros.
—Dios mío…— dijo Cristina. Yo la miré y vi como las lágrimas comenzaban a surgir de sus ojos. Estaba pasándolo francamente mal. Todos lo estábamos pasando mal en realidad. A mí me estaba costando mucho mantener la cordura después de ver todo lo que estábamos viendo.
—Vuela el puto cerrojo— dije mirando a David.
David disparó al cerrojo de la puerta y esta quedó completamente abierta. Rápidamente nos metimos dentro y bloqueamos la puerta desde dentro con unas taquillas. Lo hicimos de tal manera que nadie desde fuera, por mucho que lo intentara, iba a poder entrar. Tampoco podrían hacerlo a través de la ventana, porque había barrotes.
Una vez dentro. Mientras David miraba a través de la ventana montando guardia, yo me situaba en un rincón con mi mujer. La agarré de las manos y noté como temblaba.
—Tengo miedo. Tengo mucho miedo. Todo lo que hemos visto… ¿Por qué está ocurriendo esto?
—No lo sé. No sé nada… Todo ha pasado demasiado rápido…— respondí —Ahora escucha. David y yo montaremos guardia toda la noche y nos iremos al amanecer. Tu intenta dormir. Te despertaré cuando se haga de día.
Cristina asintió y se acurrucó cerrando los ojos y dándonos la espalda a mí y a David. Yo me situé en la ventana al lado de mi compañero. Desde nuestra posición, teníamos una visión perfecta de todo el parque y de los edificios más altos del pueblo.
Era evidente que no íbamos a poder dormir, allí fuera, se estaba librando lo más parecido a una guerra. A cada rato, nos llegaban sonidos de disparos y explosiones. Muchas veces, también nos llegaba el sonido de un grito lejano.
—No quiero ni imaginarme como serán las cosas en el pueblo. Nosotros estamos prácticamente en las afueras… Y, aun así, nos llegan los ruidos— comencé a decir mientras escuchaba a numerosos helicópteros surcar el cielo. Estos iban y venían.
—Dime… ¿Qué haremos si llegamos al instituto y allí no hay nadie? —preguntó David en voz baja mientras miraba a Cristina. En esos momentos, parecía que ella dormía.
—No pienses en eso ahora. Seamos positivos y tengamos la esperanza de que mañana todo será distinto, de que llegaremos al instituto y de que todo esto será un mal sueño— respondí mirando a mi mujer.

Día 16 de junio de 2017…
02:45 horas…

Las horas pasaban lentamente. Al mismo tiempo, los sonidos de explosiones y disparos del pueblo, iban disminuyendo. También pasaban menos helicópteros. Ni David ni yo dijimos nada. Nuestras miradas hablaban por si solas.
Eran casi las tres de la madrugada, cuando vimos algo que nos llamó la atención a los dos. Se trataba de una silueta humana que caminaba entre los árboles. Ambos nos fijamos bien y vimos lo que parecía tela de color blanco. Poco a poco, la silueta se fue haciendo más visible y ambos pudimos ver que se trataba de una mujer. Esta tenía el pelo de color negro hasta los hombros, y tal como habíamos visto en un principio, vestía una bata de color blanco. La mujer debía tener unos cincuenta años como mucho, al menos, era lo que podíamos deducir pese a verla solo de perfil. Ella iba descalza y caminaba como si estuviese borracha. Por unos momentos, David y yo pensamos en salir a socorrerla, pero rápidamente cambiamos de idea. Cuando se dio la vuelta y la vimos de frente, nos dimos cuenta de la realidad. La parte del cuerpo que todavía no habíamos visto, quedó en ese momento al descubierto, una parte de la bata estaba rasgada y ensangrentada, uno de sus pechos estaba al descubierto y su brazo derecho, colgaba, únicamente unido al cuerpo por los tendones y el hueso. Su cara, concretamente la parte derecha, estaba rasgada también, como si le hubiesen arrancado parte de la mejilla de un mordisco. Era uno de ellos.
David y yo nos apartamos de la ventana y nos pegamos a la pared, si alguien más pasaba por fuera, no iba a poder vernos.

06:55 horas de la mañana…

Estaba amaneciendo. Como era de esperar, el silencio había llegado. Ya no se escuchaba nada del pueblo. Ni explosiones ni disparos. Para bien o para mal, todo había terminado. Era hora de comenzar a moverse, era hora de intentar llegar al instituto.
Me acerqué a mi mujer y le puse la mano en el hombro con delicadeza para despertarla. Ella movió la cabeza y me miró.
—Ya es de día. Es hora de ponerse en marcha— le dije.
En ese momento, mi mujer y yo sentimos un ruido similar al de una vibración, y en efecto lo era. El móvil de Cristina había vibrado. Rápidamente desbloqueó la pantalla y vio que le habían llegado muchos mensajes de WhatsApp. Eran todos de su madre.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Lo que debes saber antes de comenzar a leer la saga de ZOMBIES (A partir del 7 de Enero)

Como ya estaba anunciado, a partir del próximo 7 de Enero, comenzará a publicarse la versión Re- Escrita de Zombies, la cual, será publicada de forma semanal cada Domingo a las 20:00 horas (Hora Española). En esta entrada os contaré lo que debéis saber antes de comenzar a leer la historia. 
En primer lugar, debéis saber que se trata de una historia muy larga, de más de 200 capítulos (Los cuales, son solo una parte de una trilogía que alcanzará los más de 600 capítulos).
La historia tiene muchos personajes, tanto principales como secundarios. Tiene muchas situaciones y tiene mucho juego con el tiempo, esto os lo explico a continuación.

Juego con la cronología

En varios momentos de la historia, juego un poco con el tiempo de varias maneras. Una de esas maneras y la más común, será la Paralela, la cual, uso cuando me centro en un grupo en un capitulo concreto y luego en otro capitulo, uso las mismas fechas y horas para centrarme en otro grupo, donde los hechos, ocurren de forma paralela.
En otros capitulos, cuando pretendo presentar un hecho pasado, uso el Flashback. Uso el flashback de dos formas y dependiendo del contenido. Si uso mucho contenido, el capitulo entero es un Flashback, cuando el contenido es poco, lo uso al principio, al final o voy intercalando el flashback con hechos actuales.
A veces, uso un poco el Flashforward. Este es el menos frecuente y solo lo uso cuando hay una trama paralela y los hechos de esta, adelantarán a los hechos principales, con la intención de ligarlos despues, por ejemplo, digamos que en un capitulo me centro en un grupo concreto y sus vivencias adelantan mucho en el tiempo. Después, en el capitulo siguiente, digamos que continua a los hechos principales y en los siguientes capítulos se irá avanzando hasta que la fecha quede ligada a la fecha del capitulo que ya se adelantó, aunque hayan pasado unos seis o siente capítulos.

Ejemplo:
Capitulo 10: Fechado el 10 de febrero de 2017 y da varios saltos temporales hasta el día 5 de Enero de 2018, donde termina el capitulo.
Capitulo 11: Fechado el 10 de Febrero de 2017
Capitulo 20: Tras varios capítulos, se alcanza la fecha del final del capitulo 10, quedando ligados.

La Publicación de capítulos

Como ya dije, los capítulos se publicarán cada domingo a las 20:00 horas (Hora Española). La historia se divide en volúmenes de 20 capítulos cada uno, los cuales, son distintos arcos argumentales. Cada 20 capítulos, se descansará una semana, en la cual, publicaré una entrada con enlaces directos a los distintos capítulos de dicho volumen.

Acceso a capítulos

Como la historia es muy larga, llegará un momento que costará mucho dar con los primeros capítulos. Para evitar esos problemas de navegación, haré varios widgets para facilitar el acceso a los capítulos.

Laterales del blog:
En los laterales del blog, pondré una lista de capítulos con enlaces directos (Como si fuera un indice) Los capítulos estarán divididos por bloques (Tanto por volumen como por novela).

Pie de pagina:
En el pie de pagina, pondré unos baners que serán enlaces a las entradas que representarán un volumen integro. Donde estarán los enlaces a los capítulos del volumen en concreto (Los volúmenes de las 3 novelas, superarán los 30)

Etiquetas:
Cada capitulo tiene varias etiquetas y especifican el volumen al que pertenecen. Estas aparecerán en el lateral izquierdo del blog. 

Como saber si ya está listo el capitulo.

La fecha de publicación ya la conocéis, pero por ejemplo, si sois de fuera de España y queréis estar al tanto de cuando se publican los capítulos, podéis saberlo de varias maneras. 
Podéis suscribiros al blog mediante Email, donde se os avisará con cada nuevo capitulo. También podréis saberlo si me seguís en Twitter o Facebook (Los widgets de estas redes sociales, podéis encontrarlas en el lateral derecho del blog).

En fin, esto es todo. Nos vemos a partir del día 7 y espero que disfrutéis de esta enorme historia mejorada.



jueves, 30 de noviembre de 2017

El 7 de Enero empieza Zombies

A partir del 7 de Enero, podréis comenzar a leer la nueva versión de Zombies. Esta versión es más bien un copia y pega de la original, aunque he aprovechado para añadir personajes nuevos y eliminar a los de relleno, también para introducir nuevas tramas (Como la de los capítulos del 1 al 20).
Esta nueva versión es la misma historia, pero mejor contada y explicada, mejorando los fallos que hay en la versión original, como son las descripciones y las faltas ortográficas. 
La publicación de los capítulos serán los Domingos por la tarde y no habrá descansos (Espero). Os espero a partir del 7 de Enero y deseo que esta nueva versión os guste.

sábado, 29 de julio de 2017

NECROWORLD hasta el capitulo 180 (Sin corregir) + Capitulos del 181 a 184.

Aquí los capítulos hasta el 180 de NECROWORLD. Estos capítulos de la secuela de Zombies fueron escritos cuando ya había mejorado bastante, aunque siguen necesitando un repaso.  Al igual que los enlaces de Zombies, haz click sobre los volúmenes para ir a Onedrive, donde tendrás acceso a los capítulos. 


Los siguientes cuatro capítulos son nuevos. No habían sido publicados hasta ahora. 


Los capítulos corregidos y mejorados estarán en este blog en el futuro. Suscribiros y seguidme ahí. Compartid los enlaces para ayudarme a crecer y que la historia llegue a más gente. Prometo que si os gustó en su día aun con sus defectos (Que eran muchos), esta vez os encantará.



Por otro lado, abrí un canal de Youtube donde de momento, sobretodo hay gameplays, pero a partir de estas navidades subiré contenidos de genero Zombie, temas paranormales, misterio y terror. Suscribete a mi canal si te gustan estos temas.


ZOMBIES Completa

Toda la historia de Zombies. Esta es la versión sin corregir. Para leerla, haced click en los enlaces, los cuales, os llevarán a los volúmenes íntegros de Zombies (20 capítulos por volumen) Es la versión antigua y sin corregir, por lo tanto, veréis muchas faltas, errores e incoherencias. Fue cuando era novato, pero, es así como lo empecé todo.
Para leerlo más cómodamente, pincha en el enlace, irás a una parte donde todos los capítulos estarán disponibles, es mejor que abras el enlace en una nueva pestaña, para no tener que volver al blog.



ZOMBIES Volumen 1
ZOMBIES Volumen 2
ZOMBIES Volumen 3
ZOMBIES Volumen 4
ZOMBIES Volumen 5 
ZOMBIES Volumen 6
ZOMBIES Volumen 7
ZOMBIES Volumen 8
ZOMBIES Volumen 9
ZOMBIES Volumen 10


También puedes visitar mi canal de Youtube: