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domingo, 6 de agosto de 2017

ZOMBIES Capitulo 16 La huida

16
La huida

Día 6 de Julio de 2010…

Me desperté. Abrí los ojos poco a poco y me encontré en un lugar que no conocía. Miré al techo y vi una lámpara, después, miré a mi alrededor y vi que estaba, sin duda, en una habitación. Traté de incorporarme y vi que tenía un cable saliéndome de la boca. Eso me hizo inquietarme, no sabía que estaba pasando exactamente. Fue entonces cuando Lidia se acercó a mí.
—Espera…— Lidia se dio la vuelta —Necesito que alguien venga a ayudarme.
Segundos después, Anna y Alicia entraron, ellas me inmovilizaron y Lidia tiró del tubo con delicadeza. Seguidamente comencé a toser y ella me limpió la saliva con una servilleta.
— ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto? — pregunté mientras notaba una especie de quemazón en la garganta. — ¿Qué ha pasado?
—Estamos en la playa de Puzol. Logramos salir del pueblo y llegamos aquí. No nos hemos movido desde entonces, tú has estado inconsciente varios días, tuvimos que sondarte y alimentarte por un tubo. Los chicos han estado sensacionales yendo al hospital de Sagunto a conseguir lo que les pedí. Ahora debes descansar y recuperarte.
— ¿Qué fue lo que pasó exactamente? ¿Qué pasó con Molano? – pregunté
—Molano está muerto. Tú lo mataste ¿No lo recuerdas?
—No recuerdo mucho en realidad…

Unos días antes…
Día 24 de junio de 2010…
Instituto de Puzol…

Las puertas del instituto se estaban abriendo y los infectados comenzaron a entrar. Estos entraban en tromba, como una ola gigante entrando en la playa arrasando con todo.  Los infectados penetraban en el instituto por tres puertas distintas, las cuales, habían sido abiertas por Molano. Estas eran, las dos que estaban a ambos lados del recreo y la otra, era la que daba a la puerta principal y al hall. Los infectados eran una marabunta, todos entraban a la vez y comenzaban a centrarse en ellos, pronto comenzarían a rodearles.
—¡¡¡Corred todo lo que podáis!!! Toni y yo nos ocuparemos de traer a Juanma, vamos—gritó Bosco.
—No me dejes sola— dijo Anna acercándose a su pareja.
—No te preocupes por mi… ¡¡¡Ángel!!! Llévatela— Ángel se apresuró a acercarse a Anna, la cogió del brazo y tiró de ella llevándosela a un lugar seguro.
—¡¡¡Vamos!!!— dijo Toni echando a correr hacia el interior del instituto, seguido de cerca por Bosco. Tenían que ser rápidos.
Mientras Bosco y Toni iban en ayuda de Juanma, los demás corrían todos juntos. Lidia, Anna y Alicia se refugiaron dentro del autobús para cuidar de los heridos. Ángel también se subió y comenzó a disparar a los infectados que se acercaban al gran vehículo.
David, Leandro, Jorge, Paco, Emilio, Manuel y Raúl habían salido huyendo hacia el gimnasio seguidos de cerca por una gran cantidad de infectados. Con la intención de estar en un lugar seguro. Rápidamente entraron dentro y cerraron la puerta. Bloqueándola con lo primero que encontraron. Algunos infectados que los habían seguido de cerca, comenzaron a aporrear los cristales. Eso, atraería a más. Era algo que Leandro y David ya habían visto con sus propios ojos cuando estuvieron a punto de morir en la gasolinera.
—¡¡¡Joder!!! ¡¡¡Estamos acabados!!!— dijo Raúl mientras se alejaba para salir por otra puerta, pero más infectados se concentraban allí. El gimnasio entero estaba rodeado. Habían cometido un grave error —¡¡¡Estamos atrapados!!!
—El hijo de puta de Molano quiere matarnos a todos. Esto no es una simple venganza contra Juanma. Esto es más bien un acto de locura— dijo Jorge.
—Están rodeando el gimnasio. Cuando los cristales revienten… Y lo harán. Entrarán y nos   harán pedazos —Paco miró entonces a David — ¿Hay alguna salida?
—Solo las que ves— respondió David mirando en todas las direcciones. Mirase donde mirase. Todas las puertas y cristales estaban llenas de infectados intentando entrar.
—No… Yo no quiero morir aquí…— murmuró Manuel.
Jorge miró entonces a David — ¿Llevas munición?
—Si— respondió David —No demasiada, pero sí.
Jorge asintió y miró a Leandro, Raúl, Emilio y Manuel. — ¿Y vosotros?
Jorge recibió respuesta afirmativa y de nuevo asintió —Pues muy bien. cuando entren… Tendremos que defendernos. Primero los coseremos a balazos y cuando se nos acabe la munición los dejaremos tiesos a golpes. Utilizaremos también los cuchillos. Apuntad únicamente a la cabeza. Es esencial que ahorremos munición— dijo Jorge mirándolos a todos mientras asumía el mando de aquel grupo. —Paco. Tu y yo estaremos al frente.
—Muy bien— dijo Paco dando unos pasos y situándose al lado de su compañero. —Supongo que hasta aquí hemos llegado… Bueno. Hay algo que quiero que sepas. Más que nada por si no salimos de esta.
— ¿El qué? — preguntó Jorge.
—Nada… Solo que ha sido un placer conocerte y haber servido a tu lado— respondió Paco con una sonrisa. —Tenía que soltarlo.
Jorge chasqueó la lengua y miró a su compañero. —Al final harás que me ponga sentimental… El placer ha sido mío…
Raúl observaba todo aquello y no estaba dispuesto a morir, no así. Tenía que marcharse, los demás ya le daban igual. El solo se preocupaba por sí mismo. Miró a su alrededor y vio algo que quizás le serviría. Podía trepar hasta el tejado. Si lo alcanzaba, podría escapar. No le importaba lo que les pasara a los demás.
David estaba aterrorizado. Era la primera vez que se sentía así. Lo único que lo separaba de la muerte eran unos cristales, los cuales, comenzaban a agrietarse. Pronto cederían, dejando paso a todos los infectados. Iba a ser un infierno cuando eso sucediese. Sus vidas pendían de un hilo. Comenzó a pensar que hasta ese momento habían tenido suerte, pero la suerte había terminado y probablemente iban a morir.
******
El pasillo del instituto estaba a oscuras, pero pronto se llenó de gemidos. Los infectados que habían penetrado por la puerta principal, habían accedido al interior del gran edificio. En esos momentos estaban invadiendo todos los pasillos.
—Tenemos que alcanzar a Juanma. Estaba en el primer piso ¿No? – preguntó Toni asomándose por una esquina donde se habían ocultado al ver a un grupo de infectados.
Bosco se puso en pie mientras cargaba el arma. Cuando se enteraron de que Molano tenía retenidas a las chicas, todos habían cargado sus armas. —Vamos a tener que correr. Solo dispararemos cuando sea necesario. Tenemos que llegar ahí arriba. Al primer piso.
Toni se volvió a asomar y vio que ya no había infectados en el pasillo. Habían pasado de largo y se habían metido por otro pasillo. Después miró a las escaleras y vio que estaban despejadas. Le hizo un gesto a Bosco y ambos abandonaron su escondite. Corrieron a las escaleras y Toni casi se dio de bruces con una infectada, pero él fue más rápido y logró derribarla. Seguidamente, le clavó el cuchillo en la cabeza.
Comenzaron a subir las escaleras. Ya habían llegado al piso superior cuando escucharon unos gritos desgarradores. Indudablemente, los gritos pertenecían a Molano. Eso hizo que Toni y Bosco se miraran el uno al otro y aceleraran el paso.
*****
Ángel disparaba a todos los infectados que se acercaban al autobús. Lo hacía desde el tejado. Aunque los que se acercaban aporreaban cristales y chasis, nunca podrían romperlos. Ese autobús había sido reforzado para casos así. Eso les daba mucha ventaja. Lidia subió en ese momento al techo del autobús. Lo hizo por la ventanilla superior y se situó al lado del militar.
— ¿Qué haces aquí? Vuelve abajo— dijo Ángel sin dejar de disparar y abatiendo a un infectado de gran envergadura. —Los heridos te necesitan ahí abajo.
—Anna y Alicia se ocupan de ellos. Tú necesitas a alguien más aquí— dijo Lidia mientras disparaba en ráfagas a un grupo de infectados. —Tenemos que despejar esto para cuando los demás vengan.
La mayoría de infectados estaban entrando dentro del edificio. Alrededor del autobús había al menos unas tres docenas y alrededor del gimnasio había una centena. Todos concentrados en los distintos puntos por los que el grupo se había dispersado buscando salvar la vida.
Lidia miró en ese momento a la terraza donde había estado Juanma. Ya no podía verlo, tampoco podía ver a Molano. Lo único que veía allí eran infectados.
—Dios… Juanma estaba allí— dijo Lidia dejando de disparar. Fue en ese momento cuando escucharon gritos y vieron a un grupo de infectados apelotonándose unos encima de otros. Como echándose encima de alguien.
—Esos gritos son de Molano— dijo Ángel mirando a Lidia. —Lo han cogido…
******
Los cristales del gimnasio reventaron dejando paso a hordas de infectados que entraron en tromba. Eso hizo que, sin pensárselo dos veces, David y los otros comenzaran a disparar en todas las direcciones. Cubriendo todos los flancos.
—A la cabeza. Voladles la puta cabeza— gritaba Jorge disparando a varios que tenía frente a él. Uno de los infectados se acercó mucho y Jorge lo mató clavándole la bayoneta en la cabeza. —No dejéis que nos rodeen. Moveos.
—Hay demasiados— dijo Emilio mientras disparaba y retrocedía junto a Manuel.
—Disparad y avanzad. Alcanzad y ocupad los vehículos blindados— dijo Paco mientras golpeaba a un infectado con la culata de su fusil. —Debemos salir de aquí. Somos blanco fácil.
Jorge disparó una ráfaga y derribó a varios. Abriendo un camino —Por aquí. Seguidme.
Raúl encontró su oportunidad. No iba a seguir a sus compañeros. Retrocedió unos pasos y comenzó a trepar por varios aparatos de gimnasia. Alejándose todo lo posible de los infectados. Consideraba que había permanecido demasiado tiempo con aquel grupo. Consideraba que había cometido un error uniéndose a ellos. Estaba llegando a lo más alto cuando notó algo. Fue entonces cuando todo se vino abajo. Raúl cayó al suelo de espaldas y sintió un fuerte dolor. Tanto que gritó como nunca antes había gritado. Eso atrajo a los infectados, que rápidamente se le echaron encima.
David y Leandro iban a salir detrás de Jorge y Paco cuando escucharon gritos a sus espaldas. Se giraron y vieron a Raúl. Este estaba en el suelo tirado de espaldas, con varios potros y colchonetas sobre él. Los infectados lo habían alcanzado y estaban mordiéndole.
—¡¡¡Raúl!!!— gritó Emilio disparando a los infectados tratando de salvarlo.
—Déjalo… Ya no hay nada que hacer— dijo Jorge acercándose y cogiendo a Emilio por el brazo —Salgamos de aquí.
Con el camino abierto por Jorge y Paco, más los infectados distraídos con el cuerpo de Raúl. Jorge, Paco, Emilio, David, Leandro y Manuel lograron salir del gimnasio. Teniendo que abatir a infectados por el camino. Habían logrado salir del gimnasio, pero la pesadilla aún no había terminado. Todavía quedaba escapar del instituto.
Jorge y Paco se pusieron enfrente del autobús y comenzaron a disparar, cubriendo a los que iban llegando. Ángel y Lidia se encontraban sobre el autobús disparando sin cesar. Únicamente paraban para recargar.
Jorge alzó la vista y miró a Ángel —Ponte al volante. Nos vamos ahora mismo.
Ángel y Lidia regresaron al interior del gran vehículo. Fuera, Paco y Jorge seguían disparando a los infectados que se acercaban más.
—Bosco y Toni no están aquí. No podemos irnos sin ellos. Fueron a buscar a Juanma— dijo Anna asomándose por la puerta.
—Por ahí vienen. Traen a Juanma con ellos— dijo Ángel señalando mientras encendía el motor.
—Vamos a cubrirles— dijo Paco mirando a Jorge.
Ambos avanzaron y comenzaron a disparar a los infectados que había delante y detrás de Bosco y Toni. Conmigo a cuestas, subieron al autobús y rápidamente me tumbaron en las camas improvisadas de la puerta trasera.
—En marcha.  Nos vamos. Paco, ve al otro— dijo Jorge dejando de disparar y subiéndose al jeep. Paco se subió al jeep que Jorge le había indicado.  Fue entonces cuando todos los vehículos se pusieron en marcha. Atravesaron la puerta principal atropellando a los infectados que se ponían en el medio y salieron a las calles. Huyendo de Puzol al fin. Dejando atrás aquella pesadilla con Molano. Este ya había muerto.

Afueras de Puzol…
Día 25 de junio de 2010. 00:15 de la madrugada…

Los vehículos estaban de camino a la playa de Puzol.  Ya se había dejado el pueblo atrás desde hacía un buen rato. Estábamos rodeados de campos de naranja. A unos metros de nosotros, en medio de la carretera, entre un muro y la fachada de una fábrica. Se encontraba una barricada y un puesto de control bloqueando el camino. Ángel que fue el primero en verla, encendió las luces traseras y los vehículos que iban detrás se detuvieron.
— ¿Qué ocurre? — preguntó David levantándose de su asiento y acercándose a Ángel.
—Tenemos un puesto de control bloqueando el camino— respondió Ángel — ¿Puedes ponerte al volante? Voy a ir a inspeccionar eso.
Ángel bajó del autobús y se encontró con Jorge. Ambos caminaron hacia el lugar y se pararon ante él. Observando con atención que no hubiese infectados.
—No podemos dar la vuelta.
—Pues tenemos que hacer algo. Tenemos que seguir por aquí. Regresar al pueblo nos haría perder mucho tiempo.
******

Toni se encontraba dentro del autobús. Miraba como Jorge y ángel se habían alejado para inspeccionar algo. Se dio la vuelta y entonces vio a Lidia curando a Juanma. Se puso de pie y caminó hacia ella — ¿Cómo está? ¿Cómo se encuentra?
—Sigue inconsciente… Pero está bien. Le he cosido las heridas del machete. Le he entablillado la mano rota y le estoy haciendo una transfusión de sangre. Se recuperará. Tranquilo – respondió Lidia con una sonrisa. —Hemos tenido suerte… Y él está luchando.
— ¿Y los demás? —preguntó Toni mirando a los otros heridos.
—Están bien. Duermen tranquilamente. Víctor y Félix estarán como nuevos, pronto. Mañana estarán bailando break dance. El que me preocupa es José. Tiene un fuerte golpe en la cabeza. Hay veces que se despierta y delira, para acto seguido volver a quedarse dormido. Me preocupa… Me preocupa mucho— dijo Lidia mirando a José. Este estaba tumbado con los ojos cerrados y una venda cubriéndole la cabeza.
Jorge y Ángel regresaron a los vehículos y explicaron la situación. Explicaron que tenían que hacer desaparecer ese puesto de control. Explicaron que tenían que hacerlo con explosivos C4.
Jorge, Paco, Ángel, Bosco, David y Leandro sacaron las cajas que habían conseguido en el colegio Caxton. Comenzaron a caminar hacia la zona y allí comenzaron a preparar las cargas.
— ¿Esto servirá? — preguntó Leandro
—Si. Siempre y cuando pongamos la cantidad exacta— respondió Jorge. Entonces, miró a David, Bosco y Leandro. — ¿Podéis vigilar? No quisiera que nos sorprendiera un grupo de infectados.
Bosco, David y Leandro comenzaron a vigilar. Fue entonces cuando Leandro miró a David.
— ¿Por qué ir hacia la playa?
—Juanma sugirió ir hacia la playa. La cosa está en alejarnos de las zonas pobladas. Es donde mayor número de infectados hay. En lugares como la playa, el número de infectados será menor.
******
Jorge, Ángel y Paco ya habían colocado los explosivos. Después se alejaron. Situándose en una distancia prudencial y los detonaron. La explosión fue enorme. Tanto, que el puesto de control había sido reducido a escombros.
—¡¡¡Joder!!! Menuda explosión— exclamó Leandro con sorpresa. No se esperaba que la explosión fuese a ser tan devastadora.
—Venga. Continuemos el viaje— dijo Jorge dándole una palmada en el hombro y seguidamente subiéndose al jeep que conducía.
Los vehículos prosiguieron su viaje y finalmente llegaron a la playa. Estuvieron dando varias vueltas por la zona y terminaron llegando a una casa que estaba desocupada. Jorge y Paco habían inspeccionado varias de la zona y habían escogido la más grande para descansar.
—Vale. Dormiremos en esta casa— indicó Bosco.
—Así es. Montaremos guardias de dos horas de dos personas— añadió Ángel.
—Paco y yo nos ocuparemos de la primera guardia. Vosotros organizaros e id a descansar. Mañana nos organizaremos mejor— dijo Jorge.
Todos se repartieron en habitaciones para dormir. Anna se despertó durante la noche y fue al baño. Fue entonces, cuando Lidia, que estaba al cuidado de los heridos, la vio y fue a su encuentro.
— ¿Qué tal estás? — preguntó Lidia.
—Bien. Ahora más tranquila— respondió Anna
Lidia buscó en ese momento algo en el bolsillo y sacó una caja. —Con todo el jaleo que se armó, se me olvidó dártelo. Aquí tienes lo que me pediste.
Anna cogió la caja y vio que se trataba de un test de embarazo. Entonces miró a Lidia. —Gracias. Muchas gracias, de verdad. Ya me lo haré mañana o cuando crea que estoy preparada. Creo que ahora… No sé. Ya veré que hago.
—Pase lo que pase. Decidas lo que decidas. Yo te apoyaré y estaré a tu lado cuando llegue el momento. No te abandonaré— respondió Lidia.
Ambas se abrazaron y Anna se marchó.  Lidia regresó a donde estaban los heridos y observó a Juanma.
—Lo que has hecho… Lo que has tenido que hacer. Nunca te arrepientas. Tu nos has salvado a todos— se inclinó sobre él y juntó sus labios con los de él.

Día 6 de Julio de 2010…
9:00 de la mañana…

Lidia me había contado todo. El tiempo que habíamos pasado allí. Me contó que Félix y Víctor ya estaban bien. Que estaban abajo con los demás desayunando.
—Yo también quiero levantarme— dije.
Me quitaron todos los cables que llevaba encima, y yo, pude ir incorporándome poco a poco. Aunque aún sentía dolor en el hombro y la mano.
—Con cuidado. No te apresures. Tomate tu tiempo— dijo Lidia.
Finalmente, pese al dolor, me incorporé y comencé a vestirme. Una vez vestido, me puse de pie. Seguidamente, comencé a bajar las escaleras. Llegué al salón y allí me encontré a varios de mis compañeros.
—Bienvenido— dijo Félix alzando el brazo.
Yo saludé a todos con una sonrisa. Después de saludar a mis compañeros y comprobar que Félix y Víctor estaban en perfectas condiciones, me dispuse a salir. Salí de la casa, avancé por el porche. Bajé las escaleras agarrándome de la barandilla con la mano sana. Llegué abajo, me descalcé y puse los pies sobre la arena de la playa. Alcé la cabeza y noté la brisa marina. Eso me hizo sonreír y por unos momentos, sentí volver a los días donde todo iba bien.  En ese momento, a mis espaldas, escuché como alguien me llamaba. Me di la vuelta y miré hacia arriba, al tejado.  Se trataba de Paco.
—Hola— le saludé levantando la mano.
—Juanma tío, buenos días. Me alegro de ver que estás bien. Nos has tenido bastante preocupados— dijo Paco con una sonrisa. Él se encontraba en uno de los balcones de la casa, sosteniendo entre sus manos un fusil. Seguramente, controlando que no se acercaran infectados.
—Si… Lo siento, pero ya estoy bien. Al cien por cien— respondí con una sonrisa.
—Raúl no consiguió escapar.  Le rodearon en el gimnasio— dijo Paco
—Lo sé. Lidia me lo contó todo— dije — ¿Qué tal por ahí arriba? ¿Ves algo?
—De momento no. Todo está tranquilo desde hace días. Jorge y Ángel están al otro lado vigilando. Si viniesen infectados, enseguida daríamos la voz de alarma. Venga. Ahora ve a desayunar. Hemos logrado calentar leche. Vamos, antes de que esos glotones agoten las existencias— me dijo Paco con una sonrisa.
Regresé al interior de la casa y me senté con los demás. Estos seguían desayunando. Nada más tomar asiento, me pasaron un vaso de leche caliente y unas cuantas galletas. Rápidamente a causa del hambre, comencé a comer y beber. Hacía tiempo que no probaba ni la leche ni las galletas.
— ¿Ángel y Jorge ya han desayunado? —pregunté yo.
—Si. Desayunaron y se fueron a vigilar. Luego, irán Bosco y David a relevarles. También se ha establecido un perímetro de seguridad a lo largo y ancho de la casa. Si nos alertan de algo, tendremos tiempo de sobras para escapar— respondió Leandro. —No te preocupes.
—Perfecto— respondí mientras me disponía a dar otro trago de leche.
— ¿Cómo te encuentras? — me preguntó David
—Mejor. Gracias. Aunque todavía estoy un poco magullado.  Nada más— dije yo —En unos días estaré como nuevo.
—Toma ¿Quieres una tostada? —preguntó Leandro mostrando un plato con varias tostadas untadas en mantequilla.
—Gracias— dije yo cogiendo el plato. Entonces, cogí una de las tostadas y comencé a comérmela. Llevaba tanto tiempo sin comer así de bien y tranquilo, que aquel pequeño bocado me supo a gloria.
—Bueno… ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál será nuestra siguiente parada? No vamos a poder quedarnos aquí siempre. Vamos a tener que seguir viajando— preguntó Toni mirándome. Esa pregunta hizo que todos me miraran, esperando que yo respondiera.
 Suspiré y me recosté en la silla —Sinceramente. Aun no lo sé, pero con la gasolina que tenemos. Aunque ahora disponemos de una gran cantidad, eso no nos dará para mucho. Disponemos de cuatro vehículos. Durante el viaje buscando un sitio, será necesario detenernos para recoger más. Eso, si todavía hay combustible en los surtidores de las gasolineras. Tened en cuenta de que debe haber más gente como nosotros.
—Pero ir a recoger más gasolina, implicaría volver a meterse en zonas urbanas. Estas están repletas de infectados— dijo Bosco —Tendremos que tener mucho cuidado.
—Sí.  Ese es solo unos de los problemas que tenemos, porque también volveremos a necesitar comida. Eso también nos llevará a zonas pobladas, pero es un riesgo que tenemos que correr. Y no solo una vez. Será algo constante. Es lo que nos toca vivir— les expliqué a todos. En el rostro de algunos, vi que tenían dudas. Entonces, Anna habló.
—Espera, no puedes pedirnos que arriesguemos nuestras vidas. La otra vez mira como acabó. Vosotros os fuisteis y ese tipo… Molano… Entró en el instituto— dijo Anna mirando entonces a Félix. —Él podría haber muerto.
—Entiendo lo que quieres decir— respondí mirando a Anna —Pero ahora las cosas no son como antes. Ya no podemos esperar a que vengan a salvarnos. Estamos por nuestra cuenta. Si queremos sobrevivir, más de una vez, vamos a tener que jugárnosla. Todos y cada uno de nosotros. Aun así, si alguien no quiere hacer algo por miedo, lo entenderé. Yo mismo me encargaré de ir a donde haga falta. No soy un dictador, no obligaré a nadie a nada.
Bosco me miró —No te ofendas, pero no estás en condiciones de hacer nada. Aun no estás recuperado del todo— Bosco miró a Anna —Siempre va a ser necesario hacer cosas como las de hace unos días. En más de una ocasión, vamos a tener que abandonar nuestra seguridad para ir a buscar comida, medicamentos o combustible.
—No. No me ofendo, pero sinceramente. No quiero arriesgar la vida de nadie más. Así que, cuando haya que volver a por gasolina. Iré yo, pero si alguien quiere acompañarme…— respondí.
—Yo te acompañaré— dijo David totalmente decidido. —No pienso quedarme quieto viendo como otros se la juegan. Estamos todos unidos en esto. Ahora mismo, y aunque me cuesta asumirlo. Solo nos tenemos los unos a los otros. No sabemos que ha sido de nuestras familias. Ahora mismo, no podemos ir cada uno por su cuenta, creyendo poder solucionar las cosas. Si no podemos vivir juntos, moriremos solos.
—Toda la razón— respondí mirando a David.
—Juanma ¿Crees que serás capaz de disparar con una mano así? — preguntó Leandro señalando a mi mano vendada.
—Un fusil, rifle o escopeta todavía no, pero con una pistola no debería tener problema— respondí con sinceridad. —Además. Una pistola apenas tiene retroceso. Me irá bien. No te preocupes.
—Si fuerzas demasiado tu cuerpo no acabarás bien. Tus heridas no sanarán bien— dijo Lidia poniéndose de pie y golpeando la mesa con las manos. —Soy tu médico y te prohíbo que hagas esas locuras.
—Tranquila, no te preocupes. Estaré bien— respondí con una sonrisa. —Es mi decisión. No puedes prohibírmelo. Lo siento.
— ¿Puedo ir yo también? Quiero ayudar— preguntó Félix. En su voz, puse notar que la tenía dañada a causa de la soga.
—De acuerdo. Pues está decidido. Iremos a por más gasolina a alguna gasolinera cercana, pero no será hoy. Mañana por la tarde iremos. Cogeremos varias garrafas y las llenaremos todas— dije yo cruzándome de brazos.
—Estáis locos.  Haced lo que os dé la gana para alimentar vuestros egos de macho alfa. Si volvéis heridos, yo no curaré vuestras heridas. Me voy a desentender— dijo Lidia totalmente enfadada.
En ese momento, escuchamos unos pasos rápidos, como si estuvieran corriendo. Venían de la parte delantera de la casa, la que daba a la calle.  Eso hizo que todos nos levantáramos de golpe y que Anna se pusiera nerviosa. Esta corrió a los brazos de Bosco.
— ¿Por qué corren? — pregunté a David.
—Es la señal de que se acercan infectados— dijo Bosco comenzando a recoger la comida que había sobre la mesa. Lo hizo tan rápido que parte de esta cayó al suelo.
En ese momento, Jorge y Ángel aparecieron bajando los escalones de dos en dos. Sostenían los fusiles. Paco también apareció.
—Vamos. Tenemos que irnos. Se acerca un gran número de infectados. Vienen derechos hacia nosotros—  dijo Jorge mientras corría hacia la puerta y comenzaba a subir al autobús.
—Vamos. No perdáis el tiempo— dijo Ángel corriendo junto a Víctor hacia la habitación donde estaba José. Poco después, ambos salieron cargando con él en dirección al autobús.
Pronto comenzamos a escuchar gemidos. Estos estaban cada vez más cerca. Había cientos, quizás miles de ellos. Todos avanzando hacia nuestra posición.
—Vámonos de aquí— dijo Toni mientras corría hacia el exterior.
Yo subí rápidamente al autobús cuando salí de la casa. Tomé asiento, y me apresuré a buscar una pistola que tuviera munición. Podría necesitarla en cualquier momento.
Los vehículos comenzaron a moverse enseguida. Desde las ventanas, vimos como una gran multitud de infectados en avanzado estado de descomposición irrumpía en la zona de la casa y la playa. De habernos quedado ahí, habrían arrasado la casa y nosotros habríamos quedado atrapados y finalmente habríamos muerto. Miré a aquellos seres y sentí que, definitivamente, era cierto. El mundo entero se había ido al infierno. Los muertos vivientes eran la especie dominante del planeta y nosotros habíamos bajado unos peldaños en la cadena alimenticia.
Los vehículos siguieron alejándose de aquella zona mientras los infectados iban irrumpiendo a lo largo de la playa. Surgiendo de entre las casas y del interior de estas. Era la primera vez que veía tantos, ni en Puzol había llegado a ver tantos. Fue en ese momento cuando realmente, comencé a pensar en nuestro futuro, algo de lo que todavía no había sido consciente. Solo vi la realidad en esos momentos. Si esto era así en todas partes, si había tanta gente infectada e infestaban pueblos y ciudades, no podríamos vivir tranquilos en ningún sitio. Con suerte estaríamos constantemente huyendo, y esa suerte no duraría siempre. Llegaría un momento donde esta se nos acabara.

Playa de El Puig (Valencia)
11:45 horas del mediodía…

Llegamos a la playa del Puig. Yo miraba por las ventanas y me fijé en un muro, el cual, estaba lleno de carteles con fotos de personas bajo las cuales, podían verse letreros con letras de color rojo, donde podía leerse en grande “Desaparecido”, “Se busca” La  zona parecía despejada. Los vehículos se detuvieron en un paseo y yo, bajé del autobús. Miré entonces al suelo y vi algo que me llamó la atención. Me agaché y recogí una hoja de periódico, la cual estaba algo estropeada y amarillenta, aunque aún podía leerse la fecha. Pese a lo deteriorada que estaba la página, podía verse también el titular.
— ¿Es una hoja de periódico? — preguntó David señalando la página.
—Se trata del último periódico que se imprimió. Está fechado en trece de junio de dos mil diez. Ya casi ha pasado un mes. Es increíble.
Todos los demás comenzaron a bajar mientras Paco, Jorge, Víctor y Ángel aseguraban la zona. Aunque en principio, aquella zona parecía despejada del todo, no había infectados a la vista.
—¿Acamparemos por aquí? — preguntó Anna mirándonos.
—Si… De momento si… Pero no sé… Más que dormir tan apretujados en el autobús, deberíamos ocupar una de las casas. Ahí estaremos mejor— respondí
—¿Una de las casas? ¿Estás seguro que eso será prudente?  Ya viste lo que pasó en la otra. Nos ha tocado salir por patas.  No me malinterpretes, prefiero estar en una casa antes que estar ahí metido— dijo David señalando hacia el autobús.
—Tranquilo. Antes peinaremos la zona— dije yo con mucha confianza.
Mientras los demás peinaban la zona y se aseguraban de que no hubiese infectados cerca. Yo subí al autobús cuando Lidia me llamó. Nada más subir, contemplé a José.
—¿Cómo está?
Lidia miró a José y luego me miró a mí. Por su cara, no iba a darme buenas noticias —Te seré sincera. El golpe fue muy fuerte, seguramente tiene un traumatismo cerebral… Y en estas circunstancias en las que nos encontramos… No sé si se salvará. En condiciones normales lo llevaríamos al hospital y todo quedaría en un susto. Siento decirte esto, pero solo nos queda esperar y prepararnos para lo peor. Lo siento de verdad.
—Entiendo— respondí sentándome en un asiento y mostrando una mueca de dolor. Mueca de la que Lidia se percató enseguida y me miró.
—Te duele ¿Verdad? — preguntó Lidia —Eso te pasa por ir de aquí para allá pese a las advertencias de tu médico.
—Algo sí que me duele, pero se me pasará— dije con una sonrisa tratando de disimular que el dolor iba creciendo. Sin embargo, Lidia no se iba a dejar engañar.
—Estás sudando y te sangra el hombro— Lidia señaló mi hombro y yo dirigí la mirada hacia él. Allí vi una mancha oscura —Parece que se te han abierto los puntos. ¿Lo ves? Te dije que no lo movieras— dijo Lidia
—Déjalo. Sobreviviré.
—No digas tonterías. Déjame ver —dijo Lidia poniéndose de pie y agarrándome la camisa para quitármela.
Lidia me quitó la camisa con delicadeza. Después me quitó las vendas del hombro y ambos pudimos ver que la herida sangraba mucho. Se me habían saltado un par de puntos.
—¿Ves lo que te decía? Pero tú eres un cabezota. Haces lo que te da la gana. Voy a tener que coserte de nuevo. Quédate quieto— dijo Lidia dándose la vuelta. Cogió el botiquín y se giró para mirarme de nuevo.
—Oh, venga ya. No me eches la bronca ¿Puedes darte prisa en curármelo? Tengo que ir a echar un vistazo a las casas con los demás. No puedo quedarme aquí de brazos cruzados— dije mirándola a los ojos y mostrándole la mejor de mis sonrisas. Sin embargo, ella comenzó a coserme. Incluso llegó a hacerme algo de daño.
—No. De ninguna manera. Tú te quedas aquí. En lo de las casas ya están trabajando otros. No te vas a morir por quedarte aquí— decía ella mientras me cosía. Cuando terminó, comenzó a limpiarme las heridas.
Un rato después, desde la ventana, vi como Bosco, Jorge, Paco, Víctor y Ángel regresaban al autobús. Poco después, el grupo ya estaba reunido allí junto a los vehículos. Nos contaron que habían encontrado una casa bastante grande y que esta estaba muy asegurada gracias a unas vallas. Se subieron nuevamente a los vehículos y nos llevaron a la casa mencionada. Cuando la vi, más que una casa, me pareció una mansión. Era enorme y estaba rodeada por una valla de hierro sobre un muro.
Jorge abrió la puerta de hierro y salvo el autobús, todos los vehículos entraron. Nosotros nos bajamos y nos quedamos alucinados con el lugar.
La casa era bastante grande. Estaba situada cerca de la playa. También daba a una calle. Cerca había más casas de un tamaño similar. Todas separadas entre sí por una calle y por sus propios muros. Todos estaban encantados con el descubrimiento. Rápidamente entramos y empezamos a distribuirnos por el interior. Por las fotos y los objetos de incalculable valor, era evidente que se trataba de la casa de vacaciones de alguien podrido de dinero. Eran dos pisos, una planta baja y un sótano. También había un jardín bastante amplio con una piscina y un jacuzzi cubierto.
—Menuda choza. Me quedaría a vivir aquí para siempre— decía Félix mientras corría y se lanzaba de cabeza a la piscina.

La verdad era que me alegraba verlo tan alegre, después del trauma por el que había pasado. No pude evitar sonreír, si no pasaba nada, podríamos quedarnos en esa casa un tiempo. Realmente, parecía que todo empezaba a ir bien.

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