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Agradecimientos

Gracias y bienvenidos al blog. En este blog podréis leer desde el principio la historia titulada Zombies (Esta vez corregida y mejorada), a la que le seguirán sus secuelas: Necroworld y The Survivors Land. En ellas, seguiréis el periplo de un grupo de supervivientes que iniciarán su historia en el pueblo Valenciano de Puzol, pasando por Valencia capital, Barcelona y Madrid. Un periplo que les llevará hasta los Estados Unidos. Esta historia es probablemente la historia de Zombies más larga de la red, ya que cada una de sus partes, cuenta con 200 capítulos en su totalidad. Si te gusta, sígueme en el blog y mis redes sociales, contacta conmigo por Email y suscribete via Email en la pestaña Email address para estar informado de las publicaciones. Esta historia también puede leerse en Wattpad.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Entrada informativa

Hola, querido lector, no se como has llegado aquí. No se si me has encontrado por casualidad, si has venido por los enlaces de facebook, twitter u otros blogs o si por lo contrario me seguías desde hace bastante tiempo.
Puede ser que entres al blog a los pocos días de subir yo esta entrada o puede que lo hagas mucho tiempo después. La fecha la verdad es que da igual. Lo que no da igual es que pienses que no voy a publicar más y que tengo el blog abandonado después de 20 capítulos.
Esta entrada es para eso, para informarte. Este blog puede que lleve tiempo sin actualizarse cuando la leas, pero eso no significa que haya parado. Yo voy a seguir escribiendo, solo que no pondré fechas de publicación hasta no estar seguro de cuando subiré el volumen. Poner fechas significa estresarme, ir con prisas y meter mucho la pata, ese fue el gran error que cometí con la primera historia.
Así que, se paciente y lee lo que hay, el blog, tarde o temprano se actualizará. Para estar más informado, te sugiero seguirme en este otro blog, donde publicaré cosas de la historia y más o menos daré avisos.

jueves, 10 de mayo de 2018

ZOMBIES Volumen 1 integro

Haz click sobre los enlaces para ir al capitulo elegido. Disfruta y comparte esta historia. Este es el primer volumen. Capítulos del 1 al 20. El volumen 2 se publicará en Julio, y lo hará entero. A partir de ahí, los volúmenes se publicarán cada x meses.

Capitulo 2 Pandemia
Capitulo 3 Solos
Capitulo 4: La triste realidad
Capitulo 5: Peor que la muerte
Capitulo 6: Pueblo Muerto
Capitulo 7: Imprudencias
Capitulo 8: La visita de la muerte
Capitulo 9: El infierno en la tierra
Capitulo 10: Lo que nos espera
Capitulo 11: Distracción
Capitulo 12: Tormenta
Capitulo 13: Teme a los vivos
Capitulo 14: Marea de carne putrefacta
Capitulo 15: Los Marginados
Capitulo 16: Hasta que la muerte nos separe
Capitulo 17: Asediados
Capitulo 18: Caminos que se cruzan
Capitulo 19: Hospital
Capitulo 20: El final de una etapa y el inicio de otra




El volumen 2 se publicará en Julio como ya he dicho, el día exacto no lo se, informaré cuando lo sepa. Ese día, mientras dure, se irán publicando los capitulos y finalmente, llegará una entrada como esta, con enlaces a todos ellos.

ZOMBIES: Capitulo 020 El final de una etapa y el inicio de otra


Capítulo 020
El final de una etapa y el inicio de otra


—Han pasado muchas cosas desde que te fuiste. No sé si estarás orgullosa de mi, pero, hay cosas que he tenido que hacer para sobrevivir. Las cosas aquí van bien… Te gustaría verlo… Tu madre te echa de menos— hice una pausa delante de la tumba. Pasé mi mano por encima de la cruz de madera y continué —Hoy va a ser un día largo y duro, pero supongo que saldrá bien. Vendré a verte en cuanto regrese… Tu madre vendrá a verte después. Como ya te dije, no deja de pensar en ti— levanté la cabeza al escuchar el claxon que me llamaba, era momento de partir. Era momento de ir a conseguir suministros para las casi ochenta personas que vivíamos en el instituto.
No volví a coger la foto que había dejado. Me puse en pie de nuevo y comencé a caminar hacia el coche donde me esperaban David y Félix. Era un nuevo día en el instituto.

Día 23 de junio de 2017…
Puzol…

Había seguido el rastro de sangre dejado por Bernardo. Eso me había llevado hasta un edificio en construcción, cuyas obras se detuvieron en su día para no seguir. Nada más entrar, vi un pico tirado en el suelo. Me agaché para cogerlo y lo tomé con ambas manos.
—Todo termina aquí Bernardo. Llegaste demasiado lejos— comencé a decir mientras caminaba mirando a mi alrededor. Bernardo podía aparecer en cualquier momento y atacarme. Debía estar preparado —Mataste a mi hija… Pudiste pararte a ayudar, pero preferiste huir. Si te hubieses parado, si la hubieses ayudado… Ella podría haberse salvado… Pero supongo que es mucho pedir a un maltratador cobarde y miserable— doblé por un pequeño depósito de agua, hasta donde me llevó la sangre, pensé que Bernardo estaría ahí, pero no, el rastro seguía — ¿Por qué no das la cara y terminamos con esto?
— ¡No eres un asesino! Tú estás en el otro bando. En la ley… Eres poli. Eres del bando de los buenos— la voz de Bernardo me hizo darme la vuelta y correr hasta unas escaleras. Era evidente que estaba usando lo del rastro de sangre para despistarme.
El rastro me llevó hasta el último piso. Me acerqué a un montón de sacos de cemento, era más alto que yo. De pronto, el rastro desapareció. Iba a darme la vuelta cuando el cañón de una pistola me tocó la nuca.
—Eres un imbécil— dijo en ese momento Bernardo. Yo lo miré por el rabillo del ojo y lo vi. Estaba sonriendo de oreja a oreja. De forma triunfal. —Deja las armas en el suelo.
Poco a poco hice lo que Bernardo me dijo. Una vez las deposité en el suelo, volví a ponerme en pie con las manos en alto. No podía creerme que me hubiese dejado coger de esa manera —Acaba esto de una vez. Mi mujer y mi hija me esperan.
—No me jodas. No me digas que eres de ese tipo de personas que cree en el cielo. Me conmueves— Bernardo hizo una pausa y comenzó a reír —Me recuerdas condenadamente a esos presos que creían que ir a misa les serviría de algo. Sobre tu mujer e hija, deberías darme las gracias. Primero por librar a tu hija de este mundo. Segundo por librarte de la pesada carga que supone cuidar de una mujer débil. Porque todas las mujeres lo son.
—No sabes nada de ella— respondí.
—Sé que me la habría tirado cuando hubiese tenido ocasión. Ahora date la vuelta. Quiero que me veas antes de morir.
Me fui dando la vuelta para mirarlo fijamente, encontrándome con el cañón de la pistola esta vez en mi frente y con la gran sonrisa de Bernardo. Parecía estar conteniéndose para no empezar a carcajearse.
—Hazlo ya…
—Lo haré. Por cierto… Una cosa más. Cuando atropellé a tu hija. No me largué inmediatamente. Me tomé unos segundos para observarla. La vi agonizar con media cabeza aplastada… Y sentí indiferencia. De hecho, me empalmé un poco— en ese momento, Bernardo apretó el gatillo.
Del arma de Bernardo no salió ninguna bala. En ese momento aproveché para lanzarme contra él y comenzar a golpearle sin compasión. Con cada golpe que le propinaba, me asaltaba un recuerdo de mi hija o de Cristina. Todo eso que estaba haciendo en esos momentos, era por ellas. Bernardo intentó golpearme, pero bloqueé el golpe con ambas manos y le rompí el brazo a la altura del codo, haciendo que Bernardo lanzara un grito de dolor.
Yo me levanté y lo observé retorcerse en el suelo —Levanta. Arreglemos esto como hombres de una vez por todas— sin embargo, Bernardo no se levantó. Siguió allí retorciéndose. Entonces me acerqué a él y lo levanté para mirarlo a los ojos.
—Antes dijiste que no te mataría por que iba contra mis principios. Que no lo haría porque soy poli. Lo recuerdas ¿Verdad? Pues tengo una información que darte… Ya no soy poli.
En ese momento me acerqué al borde y lancé a Bernardo. Este comenzó a caer y lo hizo sobre un contenedor de escombros, quedando atravesado por varios hierros. Todo había terminado.
Recogí mis armas y bajé a la planta inferior. Abandoné el edificio en obras y pasé junto al contenedor. Fue en ese momento cuando hasta mis oídos llegó la voz de Bernardo. Todavía estaba vivo. Me acerqué a él y lo observé bien. Había varios hierros atravesando varias partes de su cuerpo, pero seguía vivo. Aunque no parecía poder moverse. Su cabeza colgaba por uno de los lados del contenedor y me miraba fijamente.
—Por favor. No me dejes así… No puedo moverme… Puede que tarde… En morir… Mátame… ¿No es lo que querías?
Iba a responder y entonces vi que se iba acercando un grupo de caminantes hacia nosotros, miré a Bernardo agonizando y solo pude decirle —Me es indiferente.
Me alejé de allí hacia el vehículo. Justamente cuando me senté al volante, escuché los gritos de Bernardo. Los caminantes lo estaban devorando.

Instituto de Puzol…
12:50 horas…

Llegué a las puertas del instituto. Nada más detener el vehículo, me vi apuntado por las armas de varias personas. Al ver eso, dejé las armas en el coche y salí con las manos en alto. Me levanté la camisa y me di la vuelta para que vieran que no llevaba armas de ningún tipo, para que vieran que estaba totalmente desarmado.
— ¿Quién cojones eres?
—Vine buscando a unos amigos— respondí mientras veía acercarse a más gente a través de los gruesos barrotes del lugar. Justo en ese momento, iba a decir los nombres de ellos, pero la voz de David me interrumpió.
—Abridle la puerta. Lo conozco.
Después de unos segundos, me abrieron la puerta y yo pude pasar al interior, donde fue recibido por una gran cantidad de personas. Entre ellos, estaban David, Leandro, Bosco y Anna. Me acerqué entonces a mi compañero y nos dimos un fuerte abrazo.
—Sabía que estabas vivo— dijo agarrándome la cara. Entonces miró detrás de mí y me volvió a mirar. Yo iba a responderle contándole lo que había sucedido, pero entonces alguien susurró mi nombre, una voz que me fue muy familiar. Miré hacia el origen de esta y entonces, me encontré con la persona que menos me esperaba. Gloria, mi suegra estaba allí de pie, observándome. En esos momentos no supe que decir. Solo supe que tenía mucho que contar.

Hospital de Puzol…
13:00 horas…

Lidia miró a través del microscopio para ver las muestras que Sánchez le mostró. Sobre una plaqueta, habían puesto unas gotas de sangre y luego habían añadido unas gotas de saliva de la cabeza de un caminante. Ella y el doctor se encontraban en el laboratorio de este último. Sánchez quería mostrarle todo lo que había descubierto, además de que quería estar con ella en privado para que pudieran hablar.
— ¿Qué ves? — preguntó Sánchez.
—Nada bueno— respondió Lidia sin levantar la mirada.
—Todos estamos infectados y eso es demostrable, pero es que, si además te muerden… Digamos que el proceso es totalmente más rápido. Por un lado, mientras sigamos vivos y sin ser mordidos, estaremos a salvo, pero por otro, si nos muerden… No habrá forma de evitarlo. Desde hace días intentó buscar una forma de erradicar por lo menos el virus de nuestro organismo, pero no estoy teniendo nada de suerte. Ojalá contara con más recursos.
—Ojalá no hicieran falta— respondió Lidia mirando al doctor —Necesito saber qué pasó con Nacho.
Sánchez suspiró al mismo tiempo que se apoyaba en uno de los muebles del laboratorio. —Él se fue con intención de encontrarte. Puede que se haya dirigido a vuestra casa… Puede que no haya ni siquiera llegado. Siento decirlo así, pero imagino que es algo que tú ya tienes más que asumido. Aunque entendería que quisieses ir a buscarlo.
—Tengo asumidas muchas cosas. Quizás me anime a ir a buscarlo una vez Juanma regrese y nos vayamos al Instituto… Aunque, por otro lado, supongo que, aunque haya ido a casa, no seguirá allí. Sería como buscar una aguja en un pajar. Puede que incluso, él esté en el instituto ya. Supuestamente, allí hay gente. No lo sabremos hasta que Juanma regrese.
— ¿Irás al instituto de verdad? — preguntó el doctor en ese momento. Una pregunta que sorprendió mucho a Lidia.
— ¿Tu no vendrás?
—No— respondió el doctor negando con la cabeza. —Creo que sería mucho más productivo aquí. Si os establecéis en el instituto, creo que sería mucho mejor que aquí en el hospital se quedara alguien para ayudaros en lo que necesitéis. Me quedaré. Tú también podrías quedarte aquí. Me parecería bien— Sánchez caminó hacia Lidia y la cogió de la mano —Me gustaría que te quedaras.
Lidia se soltó un poco y miró al doctor con una sonrisa —Lo se… Pero quedarme podría darte falsas esperanzas de algo que ambos sabemos qué hace mucho tiempo que se terminó. Quiero ir al instituto porque allí debe haber gente a la que puedo ayudar. Te ruego que lo entiendas.
Lidia y Sánchez tuvieron una relación muy corta años antes, cuando Lidia entró a trabajar en el hospital. Una relación que terminó cuando Sánchez regresó al lado de su mujer y Lidia comenzó una relación con su actual pareja. Si en esos momentos Lidia se quedaba allí con Sánchez, eso podía hacer creer al doctor algo que no era. Ella seguía queriendo a Nacho y aunque creía que podía no seguir vivo, no quería cerrarle las puertas a la esperanza.
Sánchez asintió y Lidia sonrió de nuevo. —Gracias por entenderlo. Voy a regresar con Félix y la chica. Esperaremos a que Juanma vuelva.
Lidia salió del laboratorio y Sánchez se quedó allí solo. Volvió al microscopio y siguió haciendo pruebas.
*****
Lidia regresó al despacho donde estaban Félix y Nora. Nada más entrar por la puerta se dio cuenta de que todo seguía sin novedad, Juanma no había regresado todavía. De hecho, Nora estaba mirando por la ventana, esperando a que el coche en el que iba Juanma, apareciera.
— ¿Aún no ha vuelto? — Lidia caminó hacia Nora y la miró —No te preocupes. Volverá. Te lo prometió. Y creo que es un hombre en cuya palabra se puede confiar… Es más, estoy segura que puedes confiar en él.
—Si. Sé que volverá— respondió Nora.

Instituto de Puzol…

Se lo conté todo a David y Gloria, ellos eran los únicos que estaban conmigo en ese momento. Nos habían dejado solos en un pequeño despacho que en su día había sido el seminario de lengua castellana. Les conté lo que había pasado con la llegada de la horda y como Cristina había sido mordida, les conté como no había podido salvarla y lo que había sucedido después hasta que Nora y yo llegamos al hospital acompañados de Lidia y Félix. Aunque omití mi encuentro con Bernardo.
Por su parte, David me contó cómo habían llegado al instituto, aunque hasta ese momento, mi compañero no había reconocido a mi suegra entre tanta gente. Ella me contó entonces como habían sobrevivido allí. Se habían logrado refugiar en el interior de las aulas, y allí habían esperado hasta que habían recuperado el control del instituto. Todos teníamos algo que contar.
David se levantó entonces y me miró —Os dejaré solos. Supongo que tenéis cosas privadas de las que hablar. Yo te espero fuera.
—Gracias— respondí mirando a mi compañero. Cuando el salió, fue cuando miré a Gloria. Finalmente, las lágrimas surgieron de mis ojos y me llevé la mano a la cara. Ella enseguida se levantó de donde estaba y me abrazó, acercando mi cabeza a su pecho, pude escuchar como ella también lloraba. Entonces me separé y la miré a los ojos.
—Ella luchó hasta el final. Siento no haber podido salvarla. Eso es algo que llevaré siempre conmigo— comencé a decirle. Entonces quise sincerarme con ella —El hombre que provocó la llegada de los caminantes… Lo encontré cuando venía hacia aquí.
— ¿Qué hiciste con él? — preguntó Gloria.
—Lo maté…— respondí levantándome de la silla donde estaba y acercándome a la ventana para mirar al exterior. Allí, vi a la gente trabajando. Intentando salir adelante. Seguí hablando —Y no me arrepiento en absoluto. Ese tipo tuvo su justo castigo. No lo maté directamente, lo lancé desde el último piso de un edificio en obras y acabó ensartado dentro de un contenedor para escombros, pero cuando bajé y lo miré, seguía vivo. Ese cabrón me pidió que no lo dejara así y yo dejé que los muertos se lo comieran vivo. En cierto modo, si lo maté yo con mis propias manos. Lo dejé allí.
—Entiendo lo que sientes— dijo Gloria —Y no puedo culparte. Solo puedo agradecerte que hicieses lo que tenías que hacer. Ese hombre no merecía vivir.
En ese momento vi algo que me llamó la atención. Se trataba de varios montículos de arena con cruces de madera. Era indudable que era un cementerio. Fue en ese instante cuando pensé en algo. Me di la vuelta y miré a Gloria.
—Traeré a tu hija aquí para que tenga un entierro digno y que puedas despedirte de ella.
Salí de aquel despacho y me encaminé hacia el exterior. Me encaminé hacia el coche que Lidia me había prestado y abrí la puerta. Iba a entrar cuando David me alcanzó.
—¿A dónde vas ahora? Deberías descansar.
—Tengo algo que hacer. En primer lugar, iré a recoger los cuerpos de Sonia, Mateo y Cristina. Después iré al hospital para recoger a Nora y a los otros— respondí —Supongo que a los que están aquí no les parecerá mal.
—Hablaré con Andrea y después con Roberto. Ellos son quienes están al mando aquí— dijo David señalando a un hombre y a una chica que estaban hablando —Después me iré contigo. Vas a necesitar algo de ayuda. No te lo cargues tu todo.
—Gracias— dije dándole una palmada en el brazo.
David se fue y yo me quedé observando nuevamente el lugar. Pude ver cosas que me llenaron de esperanza, precisamente cuando pensaba que las cosas no podían mejorar. Veía a familias enteras que, pese a que estábamos allí dentro, trataban de empezar de nuevo. Lo estaban haciendo por sus hijos, los cuales, jugaban con un balón, era como si ignoraran por completo lo mal que iban las cosas al otro lado de los barrotes. Pensé que a Cristina le hubiese gustado eso, pero, sobre todo, le habría gustado reencontrarse con su madre a la que creímos muerta.
David no tardó en regresar, y lo hizo con una camioneta con una amplia parte trasera. Él se asomó por la ventanilla del conductor —Me la han prestado. Venga, vamos a por los demás.
Asentí con la cabeza y me subí al coche de Lidia. Segundos después, ambos abandonábamos el instituto en dirección al caserón. Después de eso, iríamos al hospital. Quería cumplir la promesa que le hice a Nora. Mientras conducía, miraba el reloj que ella me había dado y que perteneció a Mateo.

Caserón…
17:00 horas…

David y yo habíamos llegado al caserón y ya habíamos cargado los cuerpos en la parte trasera de la camioneta. Habíamos tenido mucha suerte, ya que el número de caminantes en los alrededores del caserón. Yo me encontraba apoyado en el coche de Lidia, con la cabeza apoyada en la ventanilla. Estaba reuniendo el valor necesario. Fue entonces cuando David se acercó a mí.
— ¿Dónde dices que está?
—En la buhardilla— respondí levantando la cabeza. David puso ver las lágrimas en mis ojos.
—Puedo ir yo a buscarlo si quieres…
Negué con la cabeza.  La agaché nuevamente, volví a alzarla al mismo tiempo que suspiraba y me secaba las lágrimas —No. Yo iré. Esto es cosa mía.
David asintió. Agachó la cabeza y cuando la levantó, miró al lado contrario del caserón.
—Está bien. Yo te espero aquí, estaré vigilando. Tomate tu tiempo… El que necesites.
Asentí con la cabeza y metí las manos dentro del coche, saqué mi pistola para defenderme por si aparecía un caminante. Después de eso, comencé a caminar hacia el caserón.
Entré por la puerta, con el corazón latiendo rápidamente, pero no por miedo, sino porque estaba a punto de volver a ver el cuerpo de mi mujer. Eso iba a ser sin duda lo más duro.
Subí los escalones hasta el último piso y avancé hacia las escaleras que daban a la buhardilla.
Subí con facilidad y enseguida me topé con las mantas que cubrían el cuerpo de Cristina. Avancé hacia ella y me arrodillé, fue entonces cuando me incliné sobre él y comencé a llorar amargamente. Mencioné que había encontrado viva a su madre y que íbamos a vivir en el instituto, pero ella ya no me escuchaba. Hice el esfuerzo para dejar de llorar y la destapé para verla una vez más. Me la quedé mirando y entonces, vi algo en su bolsillo, lo saqué y vi que se trataba de la foto de nuestra hija, la misma que ella se llevó de casa y que había guardado. Me metí la foto en el bolsillo y de nuevo me incliné sobre Cristina para besarla en sus fríos labios. Después volví a cubrirla y la cogí en brazos.
Salí del caserón con el cuerpo de Cristina en brazos y caminé hacia la camioneta. Una vez allí y ante la mirada de David, con mucho cuidado la tumbé allí.
No tardamos en marcharnos de allí y llegar al hospital. El reencuentro con Nora fue emotivo, ambos nos abrazamos. David conoció a Lidia y Félix.  Después nos encontramos con Sánchez, él nos contó que Jordi se había marchado. Después le ofrecimos venir con nosotros, pero se negó. Después de eso, de nuevo, salimos del hospital y nos subimos a los vehículos.
Llegamos al instituto y entramos cuando nos abrieron las puertas. Fuimos recibidos por todos los presentes. Cuando bajamos de los vehículos, miré a Nora y ella me devolvió la mirada acompañada por una sonrisa. Habíamos logrado llegar al instituto.

Día 20 de septiembre de 2017…
Instituto de Puzol… 10:15 de la mañana…

Me levanté de la cama cuando sonó la alarma del despertador. Era un nuevo día en el instituto. Me puse en pie y me vestí, después me puse el cinturón donde guardaba la pistola y salí de mi habitación. Ese día unos pequeños grupos íbamos a partir para llevar a cabo diferentes misiones. Llevábamos varios meses en el instituto. Allí éramos unas setenta personas en total, entre las que había varias familias. Unos estaban antes de nuestra llegada y otros llegaron bastante antes.
Habíamos prosperado mucho desde que llegamos. Habíamos convertido la mayoría de aulas en habitaciones múltiples e individuales, las familias, por ejemplo, ocupaban toda un aula. Yo, por ejemplo, tenía una pequeña aula de estudio como habitación individual.
Se habían construido invernaderos para algunos cultivos y se habían labrado varios huertos. Se habían construido también establos y corrales para los animales de granja que habíamos encontrado, además de tener caballos.
Una de las partes del recreo, se había habilitado como cementerio. Allí estaban enterrados algunos miembros del grupo del instituto y Cristina. También estaban allí enterrados Mateo y Sonia.
Teníamos luz en el instituto. Todo esto, gracias a las placas solares que habíamos encontrado e instalado en las terrazas. Teníamos tantas que nos proporcionaban muchísima energía. Lo cual, era una grandísima ayuda para prosperar allí.
El embarazo de Anna avanzaba muy bien y bajo la atenta mirada de Lidia. Hacía poco además que las ecografías nos habían revelado que se trataba de un varón, y que, según los cálculos de Lidia, el pequeño nacería en febrero, además de que no era la única mujer embarazada que había allí.
Con la llegada al instituto, habíamos conocido a muchísimas personas. Allí estaba Andrea, una chica castaña y atlética que había sido guardia civil. También estaba Antonio, al que todos llamábamos Toni, uno joven cuyo pelo largo, estaba recogido en una coleta.
Estaban también Kai y Rei Cheng, los gemelos chinos que habían tenido una tienda, ambos tenían el pelo liso, aunque evidentemente, ella, Rei, tenía el cabello larguísimo, sobrepasando los hombros y casi la espalda. Estaba también Alessandro, un joven italiano cuyo cabello estaba echado hacia atrás por una cinta de pelo. Otro de los miembros de aquel grupo era Emilio, un joven de pelo ondulado oscuro y muy blanco de piel que llevaba gafas. El que estaba al mando allí era Roberto, un hombre fornido de cuarenta años y que tenía un hermano llamado Raúl, el cual, me miraba con bastante recelo, el, al igual que Roberto, también presentaba una buena forma física, señal de que ambos habían pasado bastante tiempo en el gimnasio. La que más me sorprendió entre otras cosas, fue Alicia, una joven profesora recién llegada al instituto y que en su día había hecho muy buenas migas con mi difunta esposa.
En fin, todo nos marchaba más o menos bien en el instituto. Incluso, lo habíamos asegurado bastante bien, habíamos construido una barrera de maderas afiladas y cruzadas en forma de X alrededor del instituto, las cuales, impedían que los caminantes alcanzaran las vallas del instituto. No solo eso, si no que habíamos construido una especie de pasillo que llevaba desde una de las puertas del instituto, a uno de los edificios cercanos, allí siempre teníamos a alguien vigilando.
Dentro del instituto también habíamos montado torres de vigilancia en varios puntos. El instituto era en esos momentos un lugar muy seguro al que nos habíamos adaptado.
Llegué al exterior y respiré el aire fresco mientras me desperezaba, después puse los brazos en jarras y miré a mi alrededor. Miré hacía los vehículos que se estaban preparando y me fijé en que David y Félix estaban listos, yo me iba a ir con ellos, pero antes tenía algo que hacer. Tenía que ir a las tumbas como cada día.
Me dirigí al cementerio que habíamos construido y me acerqué a la cruz de madera que marcaba la tumba de mi mujer. Me planté delante de ella, posé una foto sobre ella, una imagen donde estábamos Cristina, nuestra hija y yo. Entonces, me agaché delante de ella y comencé a hablar.

Día 24 de junio de 2017
Instituto de Puzol… 18:25 horas…

Me encontraba ante las tumbas recién ocupadas, pero concentrado en la de Cristina. Hacía un día que nos habíamos establecido en el instituto, habíamos sido bien acogidos.
El triple funeral del día anterior, había sido una despedida digna para Cristina, Mateo y Sonia. Todos habíamos asistido, tanto aquellos que los conocíamos como los que no. Después del funeral, Gloria y yo nos habíamos quedado allí hablando.  Teníamos ante nosotros el inicio de una nueva etapa para todos nosotros. Una ya había terminado, pero a partir de aquí, iniciaba una que a priori se presentaba más difícil. Era como si hubiésemos regresado al siglo XVIII, pero estaba seguro que poco a poco, recuperaríamos algo de la civilización, aunque solo dentro del instituto.
Me arrodillé delante de la cruz y posé mi mano sobre ella —Te gustaría esto. Estoy seguro de ello. Nos vamos adaptando y ya hemos hecho algunos amigos— hice una pausa cuando escuché los gritos de unos niños, seguidamente, vi al grupo jugar con un balón. Volví a mirar la cruz —No sé qué nos deparará el futuro, pero por ti… Aquí y ahora te prometo que seguiré adelante pase lo que pase. Nunca me rendiré. Haré lo que sea para sobrevivir y proteger a los que me importan. Este mundo no me vencerá. Aquí finaliza y empieza una nueva etapa. Te quiero y te voy a querer siempre.
Me levanté y salí del cementerio. Me encaminé hacia la terraza más alta del instituto, desde donde tenía una vista perfecta del pueblo, donde dentro de unas horas vería el atardecer. Tal y como había dicho, empezaba una nueva etapa. 

ZOMBIES: Capitulo 019 Hospital


Capítulo 019
Hospital


Día 23 de junio de 2017…
Puzol… 10:00 horas…

Era hora de partir en dirección al hospital. La noche había pasado muy tranquilamente y habíamos podido descansar. Especialmente yo.
Al amanecer, habíamos estado hablando con nuestros dos nuevos compañeros, les habíamos contado con detalles todo lo que habíamos vivido, incluido el tiempo que estuvimos en el hospital. Ellos por su parte también nos habían contado sus vivencias y nos habían hablado de un grupo armado que los había perseguido. En cierto modo, los cuatro habíamos establecido una unión. Al fin y al cabo, todos buscábamos lo mismo: Sobrevivir.
Poco después nos pusimos en marcha, después de repartir las armas que llevábamos, todos debíamos ir armados para defendernos de cualquier problema que se nos presentara. No tardaríamos mucho en alcanzar el hospital. Una vez allí, decidiríamos nuestro siguiente paso, el mío desde luego, iba a ser ir al instituto a buscar a David y al resto de mi grupo.
*****
Bernardo se despertó. Se encontraba tumbado sobre unos cuantos sacos de grano. Levantó la cabeza y vio a varios No Muertos a su alrededor, los cuales no reparaban en él.
Bernardo había aprendido un gran truco gracias a Julián. Lo cierto es que le había ayudado mucho, tanto dentro como fuera de la cárcel, pero la gran ayuda, el regalo de verdad, había sido revelarle que untarse las vísceras de esos seres servían como camuflaje.
Se fue levantando poco a poco y observó a sus putrefactos compañeros, después, decidió que debía ponerse en marcha, aunque no sabía a donde se iba a dirigir.
Salió del almacén seguido por varios de los caminantes y comenzó a caminar, observando lo que quedaba del pueblo. Entonces vio algo que le llamó la atención. En un balcón vio a una mujer salir a sacar una sábana donde podía leerse “S.O.S”. Se encontraba indudablemente en el cuarto piso.
Bernardo se detuvo y observó de nuevo la situación, después miró a los caminantes que lo acompañaban y sonrió, pensó entonces en algo que iba a ser divertido. Miró a uno de sus compañeros muertos y lo agarró haciendo que comenzara a caminar a su lado. Los demás caminantes no tardaron en seguirle.
Bernardo entró dentro del edificio que tenía en frente y comenzó a subir las escaleras. Llegó al cuarto piso y buscó la puerta de la casa a la que pertenecía el balcón donde había visto a la mujer. Finalmente dio con ella y caminó con decisión, una vez ante la puerta, la golpeó con los nudillos.
Segundos después de golpear la puerta, la tímida voz de una mujer respondió. Fue cuando Bernardo sonrió. —He visto que necesita ayuda…
La respuesta debió ser una gran noticia para la mujer, porque ni siquiera miró por la mirilla. Directamente abrió la puerta con una sonrisa, esperando que llegara el rescate, pero cuando la puerta quedó abierta y vio lo que había al otro lado, la sonrisa desapareció.
Los muertos que estaban en el rellano irrumpió dentro de la casa y se abalanzó sobre aquella mujer.
Bernardo también entró en la casa con una gran zancada mientras sonreía escuchando los gritos de la mujer. Se cruzó entonces con un chico joven, que, atraído por los gritos, salió de la cocina y se topó con él. Bernardo lo agarró por el cuello y miró con una sonrisa al sorprendido chico. Seguidamente le mordió en el cuello y sintió la sangre del muchacho inundándole la boca. Soltó al chico, que cayó al suelo cubriéndose la herida del cuello. Sobre este no tardaron en echársele encima los muertos vivientes que habían acompañado a Bernardo, a estos se sumaron un grupo más de caminantes que entraron en la casa atraídos por los alaridos.
Bernardo observó la escena y la disfrutó. Se divirtió como nunca, tanto que se tuvo que contener para no empezar a reír histéricamente. Entonces, escuchó otra cosa. Siguió el sonido esperando que fuera lo que él pensaba, llegó a una habitación donde se encontraba aquel balcón donde ondeaba la sabana con las siglas “S.O.S”.
Se encontraba en una habitación de matrimonio, con una gran cama, y junto a esta, había una cuna. Se acercó a ella y vio que dentro se encontraba un bebé de pocos meses, al parecer una niña.
Con una gran sonrisa, se inclinó sobre la cuna y tomó en brazos a la niña. Justo en ese momento, un par de No Muertos entraron en esa misma habitación. Bernardo miró primero a los caminantes y luego a la niña. Nuevamente sonrió con la idea que había tenido.

Hospital de Puzol… 11:35 horas…

Nos encontrábamos ante las puertas de urgencias del hospital, el mismo lugar por el que accedimos la primera vez que llegamos. Para llegar allí no habíamos tenido problemas, cada vez que veíamos un grupo de No Muertos, nos ocultábamos.
La entrada a urgencias del hospital, presentaba un aspecto diferente a cuando llegamos la primera vez. Las puertas estaban bloqueadas desde dentro con estanterías, camillas, mesas y sillas, era imposible entrar por ahí. Al parecer, eso había sido obra de Jordi y el doctor.
—Habrá que buscar otra manera de entrar— dijo Lidia mirando a su alrededor. Buscando una entrada.
—Bueno, se supone que tu trabajas aquí. Si alguien conoce todas y cada una de las entradas— dijo en ese momento Félix.
—Mirad eso— Nora llamó nuestra atención señalando hacia un punto del parking donde nos encontrábamos. Allí había varias ambulancias aparcadas, pero una de ellas en concreto, estaba más cerca de la pared. Seguimos el dedo de Nora con la mirada y entonces vimos una escalera de mano, que llevaba desde la zona superior del vehículo hasta una de las ventanas de la segunda planta.
—Ya sabemos cómo entrar— dije, entonces miré a Lidia —Eso no estaba el otro día.
Los cuatro nos encaminamos hacia el vehículo. Subimos a la parte superior y Félix se acercó a la escalera y la agarró, intentó moverla y comprobó que estaba totalmente firme, apenas se movió. Félix entonces nos miró.
—Parece bien firme. Primero subiré yo para comprobar la estabilidad— Después de eso, Félix comenzó a subir. No tardó demasiado en alcanzar la ventana, cuando lo consiguió, se adentró en el interior y luego se asomó para hablarnos. —Todo despejado y seguro, podéis subir.
Lidia comenzó a subir y yo me quedé abajo con Nora, esperando. Fue en ese momento cuando ella me habló — ¿Estás bien? Después de lo que ha pasado, no has hablado mucho. Sé que es duro, yo perdí a mis padres y hace nada a mi abuelo. Puedo entender lo que sientes o lo que se te pasa por la cabeza.
—No te preocupes. Estoy bien dentro de lo malo. Sigo adelante por ella, si yo ahora me derrumbara… Estaría fallándole a Cristina. No pienso rendirme. No puedo hacerlo.
—Comprendo— respondió Nora —Yo tampoco me rendiré. Seguiré adelante por mi abuelo.
Lidia terminó de subir y rápidamente, Nora y yo la seguimos. Primero subió Nora. Después me tocó el turno a mí y comencé a subir. En mi caso, me costó un poco más debido al dolor de mi pierna, pero finalmente logré llegar a la ventana y Félix me ayudó a pasar al interior, donde pude sentarme en el suelo y respirar.
Apenas dos minutos después, me puse en pie ayudándome de Félix y miré a ambos lados de la sala de espera donde nos encontrábamos.
—Esto parece vacío— dijo Félix.
Los cuatro abandonamos la sala de espera y comenzamos a recorrer el pasillo. Mi intención era llegar al mismo pasillo donde estaba la habitación donde perdimos a Adrián y donde Sánchez había montado su laboratorio.
Alcanzamos el pasillo que buscaba, busqué la habitación donde murió el hijo de Jordi y la encontré. Esta estaba totalmente limpia, no había ni una gota de sangre.
Salí de la habitación y me dirigí hacia el laboratorio de Sánchez, cuando llegamos, vi que no quedaba nada. Lo habían quitado todo. Probablemente, Jordi y el doctor se habían ido a otra habitación o a otra planta.
— ¿Crees que seguirán por aquí? — preguntó Lidia mirándome.
Primero me encogí de hombros y le respondí —Sinceramente no lo sé, aunque espero que sea así. Deberíamos buscarlo por las distintas plantas. La sala de urgencias y el sótano estaban llenas de muertos vivientes. Esas zonas están descartadas.
Los cuatro volvimos sobre nuestros pasos y llegamos a las escaleras. Una vez allí comenzamos a subir hasta que llegamos a la quinta planta, donde podía leerse “Cirugía”.
Recorrimos un nuevo pasillo y nos paramos delante de una puerta que estaba cerrada, en ese momento, Lidia sacó unas llaves.
—Este es mi despacho— Abrió la puerta y nos adentramos en aquel despacho. Lidia cerró entonces la puerta y nos miró. —Vamos a descansar un poco aquí y seguiremos buscando.
Pasamos allí cerca de una hora y yo me harté de esperar, miré a Nora y comencé a hablar con ella.
—Escucha. Voy a hacer algo y tú no puedes acompañarme.
— ¿Qué quieres decir? — preguntó Nora.
—Voy a acercarme al instituto, primero para ver si los nuestros están allí… Luego para ver si es seguro. Cuando haya comprobado eso, regresaré a por ti. Te lo prometo— sentencié.
Nora asintió en ese momento, se llevó la mano al bolsillo y sacó un reloj de pulsera que yo nunca antes había visto. Esta me agarró la mano y me lo depositó en la palma de esta —Este reloj me lo dio mi abuelo al morir mis padres, ese día, me dijo que se lo entregara a alguien en quien confiara… Ese eres tú.
Quise devolverle el reloj, pero ella no me lo permitió, volvió a tomarme la mano y me puso el reloj alrededor, después puso el cierre. Observé el reloj y después le di un abrazo a la muchacha.
Nora y yo nos separamos y entonces miré a nuestros dos nuevos compañeros. —Cuidad de ella hasta que regrese. Espero no tardar demasiado.
— ¿A dónde vas? — preguntó Félix
—Voy al instituto, a ver si es seguro. Después regresaré a por vosotros— respondí.
En ese momento, Lidia caminó hacia mí y me entregó unas llaves. —Son las llaves de mi coche— Después de entregármelas, caminó hacia la ventana y señaló a la calle. Yo la seguí y vi el vehículo. Era un cuatro por cuatro de color negro. —El deposito está lleno.
Miré a Lidia y asentí —Gracias— me di la vuelta y caminé hacia la puerta, miré a Nora una última vez y luego me alejé por el pasillo en dirección a la calle.
Volví sobre nuestros pasos y bajé las escaleras, nuevamente estaba en el exterior. Rodeé el hospital y alcancé el vehículo de Lidia. Abrí la puerta y me senté delante del volante. Me recosté en el asiento y entonces me fijé en una foto que había junto a la guantera. En ella podía ver a Lidia junto a un chico.  Ambos estaban abrazados en la cubierta de un barco y de fondo, podían verse montañas nevadas, un paraje que me recordó mucho a los parajes noruegos. Supuse que ese chico era un marido o novio.
Dejé de observar la fotografía y puse las llaves en el contacto, las giré y el motor arrancó con un rugido, algo que llamó la atención de un par de caminantes que salieron de detrás de un camión volcado. Segundos después pisé el acelerador y me fui alejando del hospital.
*****
Nora había estado mirando por la ventana, rezando para que Juanma tuviera éxito. Cuando vio alejarse el vehículo, pudo respirar tranquila, él lo había conseguido sin problemas.
—Confías mucho en el ¿Verdad? — preguntó Lidia mirando a la muchacha.
—Ahora mismo es la persona en la que más confío… Aunque lo conozca desde hace poco.
En ese momento, Félix tomó uno de los rifles y se encaminó hacia la puerta. Eso llamó la atención de Lidia.
— ¿A dónde vas?
—Se supone que aquí debería haber un médico ¿No? Iré a ver si lo encuentro.
—Vale, pero ten mucho cuidado— respondió Lidia.
Félix asintió y salió por la puerta. Caminó por el largo pasillo y alcanzó las escaleras. Iba a comprobar piso por piso, si ese medico seguía allí, tendría que estar en algún lado… Y más, después de saber por boca de Juanma, que este se encontraba buscando una cura para ese virus o lo que fuera. Antes de comenzar a bajar, se acercó a un panel que había al lado, quería consultar como estaban distribuidas las plantas. Entonces dio con una que enseguida relacionó con laboratorios, esa era el sótano, donde había varias zonas entre las que se podía leer: “Laboratorios”, “Farmacia”, “Cocina”, “Morgue” …
Félix sonrió y comenzó a bajar escalones, si el medico estaba en el hospital, era seguro que iba a estar trabajando allí.
Después de bajar varios pisos se encontró con la puerta que daba al sótano del hospital, esta era una puerta corrediza de hierro que estaba cerrada con una cadena y un candado. Sin pensárselo mucho, dio unos pasos hacia atrás y disparó. El candado saltó por los aires y la puerta quedó abierta. La corrió y comenzó a bajar los escalones, pensando que quizás, el medico lo había hecho por pura seguridad para que nadie bajara a molestarlo. Por fin, Félix alcanzó el sótano, aunque no fue como él se esperaba. El esperaba algo de luz, aunque esta fuera mínima, pero en vez de eso, lo que encontró, fue la oscuridad más absoluta.
Se llevó la mano al bolsillo y sacó un mechero, al prenderlo y surgir la llama, vio que no era gran cosa, la oscuridad seguía siendo mayor que ese pequeño haz de luz que llevaba consigo. Aun así, comenzó a avanzar por el sótano del hospital, de pronto se detuvo en seco, un fuerte olor a putrefacción le abofeteó la cara. Al principio le pareció normal, dado que la morgue estaba cerca y no había nada de luz, era probable que se hubiesen dejado algún cadáver fuera y este hubiese empezado a oler, aunque el olor parecía provenir de más de uno, algo bastante lógico, pero entonces, se dio cuenta de lo equivocado que estaba y del error que había cometido. De la oscuridad comenzaron a llegar sonidos de pies arrastrándose, además de sonidos guturales.
No tardó en ver la primera silueta, aunque no podía verla muy bien, supo que se trataba de una mujer. Esta tenía los mechones de pelo cubriéndole la cara e iba desnuda, el color de su piel era grisáceo y podían verse unas venas negras muy marcadas. Detrás de ella, surgieron más siluetas, todas avanzando hacia Félix, este comenzó entonces a recular, con el corazón latiéndole tan fuerte que estaba a punto de salírsele por la boca.
Félix se dio media vuelta y comenzó a correr sin mirar atrás, estaba tan desesperado que no miraba por donde iba, dobló varias esquinas, totalmente perdido en la oscuridad, fue en ese momento, sin saber dónde se encontraba exactamente, cuando tropezó y cayó de bruces perdiendo el mechero, lo que provocó que se quedara completamente a oscuras, escuchando como los pasos estaban cada vez más cerca. Estaba completamente aterrorizado. Había sido muy imprudente y había cometido el mayor error de su vida, uno, que haría que esta llegara a su fin. Pensó en gritar, pero no lo hizo, solamente se encogió y se quedó tumbado en el suelo en posición fetal, abrazándose las rodillas.
Resignado a morir era como se sentía, fue entonces cuando se encendieron unas luces alumbrándolo a él. Félix alzó la cabeza y entonces vio unos focos. Sacó fuerzas y se levantó, corrió hacia el lugar de donde venía la luz, pese a que estaba medio cegado. Finalmente chocó contra lo que parecía una placa de hierro, alzó la cabeza y vio que se encontraba delante de lo que parecía una barrera.
En ese momento, un hombre de pelo canoso se asomó por encima de la pared y lo observó estupefacto. Segundos después, una puerta se abrió a su lado y aquel tipo le instó a que entrara. Félix no se lo pensó y entró, seguidamente la puerta por la que había entrado se cerró. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que se encontraba en una especie de caja. Una segunda puerta se abrió y Félix se apresuró a abandonar aquella caja.
Por fin pudo Félix respirar tranquilo, pero entonces, se encontró con aquel mismo hombre que lo había salvado, este le estaba apuntando con una pistola.
— ¿Qué se supone que debo hacer ahora contigo?
Félix levantó las manos en señal de rendición —No soy una amenaza ¿Vale?
—Eso debería juzgarlo yo ¿No te parece? Cuando alguien dice no ser una amenaza, después resulta ser todo lo contrario— dijo el médico, después hizo una pausa —No te ofendas.
— ¿Doctor Sánchez? — preguntó en ese momento Félix. Esa pregunta hizo que el medico arqueara una ceja.
—Parece que me conoces…
—Vine con un hombre llamado Juanma… Y con una mujer que trabaja aquí… Se llama Lidia— explicó Félix esperando que esa revelación le sacase las castañas del fuego.
—Así que con Lidia ¿Eh? Llévame con ella— respondió el medico sin dejar de apuntar.
Félix asintió y llevó al médico de nuevo al piso donde estaban Lidia y Nora. Nada más entrar por la puerta, se produjo el encuentro. Lidia salió de detrás de su mesa y corrió a abrazar al médico ante la mirada atónita de Félix.
—Me alegro mucho de verte querida— dijo Sánchez abrazándola.
—Y yo también de verte a ti… ¿Nacho está aquí también? — preguntó en ese momento Lidia. Ella esperaba una respuesta afirmativa, pero no fue así.
—Lo siento. Él se fue el mismo día. Se estaba preocupando mucho por ti y pese a que le dije que esperara, no lo hizo. Ahora no sé dónde está— después de eso, el medico miró a su alrededor y después volvió a mirar a Lidia — ¿Dónde está Juanma?
—Se ha tenido que ir— respondió en ese momento Nora.
El medico se relajó y se sentó en una de las sillas del despacho. —Me alegro de ver a más gente. Desde que Jordi se fue, he estado solo.
—Un momento ¿Qué quiere decir eso de que Jordi se ha ido? — preguntó Nora.
—Si. Primero me ayudó a reforzar el lugar y luego dijo algo de que se tenía que marchar. Yo no lo quise retener— respondió el doctor —Todos tenemos que seguir las decisiones que tomamos. Aunque quizás, luego estos no sean los correctos.
Allí se quedaron hablando, contándose las experiencias que habían tenido, y esperando a que Juanma regresara en algún momento.

Puzol… 12:00 horas del mediodía…

Detuve el coche delante de mi casa, a la cual no había vuelto desde que nos habíamos marchado de allí hacía unos días. Primero miré que estuviese la zona despejada y después bajé del 4x4 de Lidia. La calle estaba completamente vacía.
Crucé la puerta de hierro que daba al jardín de casa y me adentré en el interior de la vivienda, tras comprobar que la puerta había sido abierta a la fuerza. Nada más entrar vi lo que había pasado, alguien había pasado por allí y se había llevado todo lo que había querido, incluso se habían llevado el televisor, aunque eso me daba igual, mi decisión de ir allí había sido por otra cosa.
Subí los escalones y entré en la habitación de matrimonio, la cual estaba intacta. Me acerqué a la cómoda y abrí uno de los cajones, allí dentro hallé lo que estaba buscando. Se trataba de un álbum de fotos familiar, donde había fotos tanto mías con Cristina, como de la boda, como del bautizo de mi hija y fotos con la pequeña. Ahora mismo, eso era mi tesoro más preciado. Busqué en el armario y saqué una pequeña mochila, metí el álbum dentro y después me la colgué al hombro.
Regresé al vehículo y de nuevo me puse a conducir, esta vez alcanzaría el instituto y vería cual era la situación allí, solo entonces estaría tranquilo del todo.
Llegué a una avenida unos minutos después de abandonar mi casa, observé todo a mi alrededor, comprobando el gran desastre que había provocado el alzamiento de los muertos. Fue en ese momento cuando vi algo que me llamó la atención, vi una sábana en un balcón, en la cual, podía leerse la palabra S.O.S.
Bajé la vista segundos después y vi que uno de los caminantes salía andando por la puerta del edificio, este entonces se quedó quieto observando el vehículo, yo me lo quedé observándolo a él mientras pasaba de largo, resultándome este terriblemente familiar.
De pronto frené bruscamente y miré en el retrovisor, ese caminante seguía de pie, parado y observándome. Fue entonces cuando lo reconocí, era Bernardo. Tomé el fusil y salí del vehículo rápidamente, cuando este me vio, se dio media vuelta y echó a correr mientras yo comencé a disparar con el fusil. El hombre que me había hundido la vida, estaba allí y estaba vivo. Esta vez no se me escaparía.
Bernardo dobló la esquina sin que pudiese acertarle un solo disparo, corría demasiado rápido y por mi parte, además de que no quería matarlo demasiado pronto, el dolor de la pierna me impedía concentrarme, pero era cuestión de tiempo que diera con él y le diera su justo y merecido castigo.
Doblé la esquina persiguiendo a Bernardo, pero entonces, tuve que lanzarme al suelo cuando me dispararon, después me arrastré hasta ocultarme detrás de un contenedor.
Me asomé un poco y vi a Bernardo ocultándose detrás de un coche, nuevamente volvió a dispararme. Cuando paró comenzó a gritar.
— ¿Qué coño quieres? Yo no tengo nada que ver contigo. ¡Deberías estar muerto!
Comprobé el cargador del fusil y vi que le quedaban pocas balas. Entonces alcé la voz para que el me escuchara. —Todo esto acaba aquí… Y tienes mucho que ver conmigo. Me has arrebatado demasiado y me lo vas a pagar— rápidamente me levanté y comencé a disparar contra el vehículo donde él se encontraba, agotando así el cargador del fusil.
Una vez agotado el cargador, me colgué el fusil al hombro y saqué la pistola que llevaba. Entonces volví a hablar —Te diré lo que va a suceder. En una situación normal, habrías ido a la cárcel, pero en la situación actual… Solo te espera la muerte.
—Eres poli, tienes unos principios que te impiden matarme. No eres un asesino— respondió Bernardo desde su cobertura— en ese momento se puso en pie y disparó, pero no me disparó a mí. Estaba disparando al aire.
Me quedé escuchando hasta que dejó de disparar, probablemente había agotado el cargador, lo que no entendía, era porque había disparado al aire.
Me asomé para ver que hacía, y cuando pretendió abandonar la cobertura, volví a disparar, por pocos centímetros no le acerté a él. Faltó muy poco.
—Tienes muy mala puntería… Me sorprende que seas poli…— dijo Bernardo con sorna.
—No es eso— respondí —Es que no quiero matarte rápido. Quiero que sea poco a poco.
En ese momento vi a un grupo de No Muertos doblar la esquina y caminar hacia mí. Fue en ese momento cuando comprendí el por qué había disparado al aire, estaba llamando su atención.
Sin pensármelo ni un segundo, me puse en pie y comencé a dispararles. Las balas atravesaban sus cabezas de forma certera y se derrumbaban. Miré a mis espaldas y vi a más de aquellos seres, estos estaban cerca del vehículo donde se encontraba Bernardo, pero no parecía que repararan en él, venían directos a por mí. Fue en ese momento cuando vi a Bernardo levantarse y echar a correr, vi como pasaba a través de ellos empujándoles, sin que estos repararan en él, fue en ese preciso momento cuando entendí lo que pasaba, recordé lo que nos había contado Sánchez en el hospital.
Dejé de disparar a los muertos que me rodeaban y apunté a Bernardo. Este estaba a punto de desaparecer doblando otra esquina cuando le apunté a él y le disparé, acertándole de lleno en una pierna. Después, me concentré en librarme de los caminantes que me rodeaban.
Cuando logré quitarme de encima a unos cuantos, corrí hacia la esquina por la que había desaparecido después de que le disparara, pero él no estaba allí, lo único que encontré, fue un rastro de sangre que me llevaba a un edificio en obras. Bernardo se había dirigido allí. Apreté los puños y comencé a caminar. No se iba a escapar, esta vez no.

sábado, 5 de mayo de 2018

ZOMBIES: Capitulo 018 Caminos que se cruzan


Capítulo 018
Caminos que se cruzan


Día 22 de junio de 2017…
Caserón… 07:00 horas de la mañana…

Me despedí una última vez de Cristina y me puse en pie. Miré a Nora, la cual se encontraba al fondo de la buhardilla y caminé hacia ella. La pierna me dolía debido al disparo que había recibido la tarde del día anterior, pero no me importó, había otras cosas en las que pensar, aunque Nora se percató enseguida.
—Quizás deberías descansar un poco. Tu pierna no tiene buena pinta.
—Solo es una herida de bala. No es la primera vez que me disparan— respondí acercándome a la trampilla, dispuesto a abandonar de una vez por todas la buhardilla.
—Sí, pero en aquel entonces, había médicos que te podían extraer la bala— respondió la muchacha.  No le quise hacer mucho caso, ya que la herida podía esperar, pero era más que evidente que ella tenía razón en lo que decía. La bala, todavía incrustada en mi pierna, me traería complicaciones.
—Escucha, primero debemos ir hacia el Instituto. Allí hay gente según dijo Leandro. Una vez allí me preocupare por mi pierna…— respondí levantando la trampilla y asomándome a la planta inferior de la casa. El pasillo estaba despejado, pero el olor a descomposición de los muertos vivientes, seguía flotando en el ambiente. Seguramente había algunos caminantes dispersos por la casa —Podemos bajar.
Yo bajé el primero y apunté rápidamente hacia ambos lados, pero de momento no había nadie más. Le hice un gesto a Nora y le dije que bajara haciendo el menor ruido posible. Cuando estuvo junto a mí, me miró.
—Podríamos haber salido por el ventanal. Habríamos ido directamente al exterior.
—Antes necesitamos coger unas armas. Con estas que tenemos no llegaríamos muy lejos. Necesitamos unas pocas más— respondí. Las únicas armas que llevábamos, eran dos rifles con muy poca munición, una pistola y un cuchillo.
—Pero hay muchas ahí. No podremos llevárnoslas todas— dijo Nora mientras caminábamos por el pasillo en dirección a las escaleras.
—Solo cogeremos unas pocas— respondí —El resto las dejaremos aquí bajo llave. Nadie más sabe que están aquí. Regresaremos a por ellas, no te preocupes.
Bajamos las escaleras poco a poco. Mientras bajábamos, yo miraba por el hueco de las escaleras. Observando las sombras de abajo. Podía ver al menos dos. Llegamos al primer piso y me encaminé hacia la puerta de la habitación donde estaban las armas.
Alcancé la puerta y metí las llaves, tratando de no hacer mucho ruido al abrirla. Una vez estuvo abierta, entramos y cerré con llave desde dentro.
Ante nosotros teníamos todas las armas que habíamos traído de la comisaria. Me acerqué cojeando a uno de los armarios y saqué un chaleco anti—balas. Este se lo pasé a Nora.
—Póntelo. Eso te protegerá un poco más— dije mientras cogía un par de pistolas de nueve milímetros y se las entregaba. Después cogí una de las mochilas y comencé a llenársela de cargadores.
Me paré en seco cuando sentí una punzada de dolor en el muslo, justamente donde me habían disparado. Fue un dolor tan fuerte que me mareé y tuve que apoyarme en la pared para no caerme.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó Nora visiblemente preocupada.
Me puse firme rápidamente y respondí —Sí. No ha sido nada. Tranquila.
Me puse también un chaleco antibalas y luego comencé a cargar una bolsa de deporte con una selección de varias armas de fuego que fui escogiendo. Ya tenía listo todo, era hora de largarse de allí. Me acerqué a la ventana de la habitación y la abrí con cuidado. Cuando estuvo abierta, me aparté y le dije a Nora que saliera. Cuando ella salió, yo la seguí y volví a cerrar la ventana.
Ambos comenzamos a caminar por el tejado hasta que llegamos a una parte más baja de este. Por allí bajó Nora primero, agarrándose a una de las tuberías.
Me tocó el turno a mí y comencé a bajar, cuando por fin toqué el suelo, un dolor penetrante en el muslo me volvió a sacudir, fue tan fuerte que no pude mantener el equilibrio, y esa vez, si caí al suelo. Nora, al verlo, se abalanzó sobre mí para ayudarme a levantarme.
—No estás bien. Hay que sacarte esa bala— dijo Nora cargando conmigo. —Te llevaré al hospital. Jordi y el medico que os encontrasteis siguen allí ¿No? Pues no hay más que hablar. Te llevaré allí.
—Puedo aguantar— respondí.
—No si sigues así. Tienes un poco de fiebre— dijo Nora tocándome la frente.
Cargando conmigo, me sacó de la propiedad de Mateo y ambos comenzamos a caminar a través del bosque de pinos, alejándonos del lugar que creíamos que iba a ser un buen lugar donde vivir. Algo que no había podido ser.

Puzol…
08:15 horas…

El instituto estaba solo a unos cien metros de distancia. David lo observaba a través de los prismáticos que llevaba. A simple vista no parecía que hubiese nadie. Se giró para mirar a Leandro. Este se encontraba sentado en el suelo descansando mientras Bosco le cambiaba las vendas y le limpiaba la herida.
— ¿Estás seguro que te dijeron en el instituto? No parece haber movimiento en el interior. Está exactamente igual que la primera vez que vinimos— dijo David mirando de nuevo a través de los prismáticos.
—Lo escuché alto y claro. Me dijo que estaban en el instituto y que eran cerca de unas cincuenta personas— respondió Leandro levantándose poco a poco ayudándose por Bosco. —Vamos a tener que acercarnos.
Leandro salió de detrás del coche donde estaban y comenzó a caminar en dirección al instituto. Cuando pasó junto a David lo miró —Puede que no sea necesario, pero te agradecería que me cubrieses… Más que nada por si pasa algo. No quisiera que malinterpretaran mis intenciones y me cosieran a balazos.
—Espera— dijo Bosco saliendo detrás de Leandro con intención de detenerlo — ¿No será mejor que vayamos todos?
Leandro se dio la vuelta para mirarlo —No… Yo fui el que habló con ellos. Es mejor que me vean llegar a mí solo. Será mucho menos violento que me vean llegar solo y desarmado. Si nos ven llegar a todos, es posible que la cosa no acabe bien.  Espero que lo entiendas— Leandro volvió a mirar a David —Ya sabes. Cúbreme.
—Hecho— respondió David sacando el rifle y colocándole una mira telescópica.
Leandro dio un par de pasos más y nuevamente se detuvo para mirar a David —Oye. A falta de una bandera blanca… ¿Algún consejo para que no me vuelen las pelotas?
David alzó la vista y miró a su compañero —Si… Muestra la mejor de tus sonrisas.
Leandro sonrió ante la idea y comenzó a caminar hacia la puerta principal del instituto, mientras, rezaba para que no lo confundieran con un caminante o una amenaza.
El corazón de Leandro latía con fuerza debido a los nervios. No podía ocultar el miedo que tenía, ya que, si alguien lo tomaba por una amenaza, le dispararía sin dudar. Aunque todavía no veía a nadie allí montando guardia.
Estaba a cinco o seis metros de la puerta de la entrada al instituto cuando vio a dos personas aparecer de repente. Estos estaban encima de la entrada del instituto, la cual formaba una especie de túnel cuadrado.  Eran un hombre de pelo corto y barba, y una chica rubia de pelo muy corto. Ambos le estaban apuntando con unos fusiles de asalto reglamentarios del ejército español.
—Da media vuelta— dijo la chica —No sé qué demonios haces aquí, pero no pintas nada en este lugar. Date el piro— Leandro rápidamente levantó las manos mostrando que no estaba armado. Se fijó bien en ella y en su voz, la comparó con la de Andrea y no se parecía.
La chica y el chico bajaron de donde se encontraban y caminaron al encuentro de Leandro, rodeándolo por completo. Leandro sintió que el corazón se le iba a salir del pecho. Quizás no había sido tan buena idea lo de ir allí.
*****
David tenía a tiro a esos dos. Los miraba a través de la mira telescópica del rifle, desde el sitio seguro que habían escogido. Detrás de él, Bosco observaba la misma escena a través de los prismáticos.
— ¿Qué haces? ¿Por qué no disparas? — preguntó Bosco bajando los prismáticos.
—Si disparase… Podría provocar un follón enorme. No parece que tengan intención de disparar. Además… Creo que Leandro tiene la situación controlada— respondió David sin dejar de apuntar. Los que estaban rodeando a Leandro eran solo dos, y parecía que primero lo iban a cachear en busca de armas.
*****
La chica se acercó más a Leandro y comenzó a cachearlo. En uno de esos cacheos, le dio un pequeño golpe en el hombro, justo donde tenía la herida, eso hizo que Leandro mostrara una mueca de dolor, sin embargo, decidió jugársela.
—Estoy buscando a Andrea. Soy Leandro… Hablé con ella ayer por la tarde mediante la radio.
Las palabras de Leandro hicieron que sus dos captores se miraran y rápidamente le apuntaran. No solo eso, sino que, además, parecieron ponerse más agresivos, especialmente el chico, que se acercó más y le puso el cañón del arma directamente en la cabeza.
—¿De qué conoces tu a Andrea? Responde.
Leandro iba a responder, pero entonces vio a un grupo de personas que estaban acudiendo a la puerta. A la cabeza, iba una chica de cabello largo y castaño. Era delgada, bastante atlética. Sus ojos eran marrones claros.
—¿Eres Leandro? Eso es lo que has dicho…— Leandro asintió y la chica siguió hablando. Esta vez, la voz si coincidía —Yo soy Andrea. No te esperábamos.
—Ya bueno…— respondió Leandro —Las cosas se nos complicaron un poco. Estoy aquí con tres personas más. Los que han sobrevivido.
—Dejad de apuntarle— dijo en ese momento Andrea.
Cuando dejaron de apuntarle, Leandro pudo respirar tranquilo. Se dio la vuelta y con un gesto, les dijo a los demás que podían salir. Enseguida, David, Bosco y Anna comenzaron a avanzar hacia el grupo. Cuando llegaron, se vieron rodeados enseguida.
Andrea los observó bien y se dirigió a David —Aun no os conocemos y no sabemos si sois peligrosos. Tenemos que pediros que entreguéis las armas. No es nada personal.
David soltó una media sonrisa y le entregó el rifle que llevaba —Me parece bien y lógico— se dio la vuelta y miró a Bosco —Dale las armas que llevas.
Bosco lo hizo, aunque a regañadientes. El grupo de Andrea se repartieron las armas y la que parecía la líder, les hizo un gesto.
—Seguidme.
Todo el grupo avanzó a la vez y pasaron por la entrada. Una vez estuvieron dentro de lo que era el instituto, la puerta fue cerrada. Andrea entonces miró a David.
—Bienvenidos al instituto. Sentiros como en vuestra propia casa.

Afueras de Puzol, Parque…
10:00 horas…

Estaba haciendo mucho calor y nos tuvimos que parar nuevamente. Nos encontrábamos en el mismo parque en el que pasamos la primera noche, de hecho, podía ver el cobertizo donde nos habíamos quedado.
Me apoyé en uno de los árboles y vomité, aunque no demasiado. Nora que estaba a mi lado, rápidamente vino a ayudarme. Terminé de vomitar y me ayudó a sentarme.
—Eres un cabezota. No estás bien ¿No lo ves? Necesitas descansar… Y sacarte esa bala.
—Me la quitaré cuando lleguemos al instituto— respondí intentando levantarme, pero sentí una punzada de dolor tan fuerte que volví a quedarme sentado. Aquello me frustró tanto que le pegué un puñetazo al tronco del árbol, haciéndome varias heridas en la mano.
Nora me quitó el torniquete y observó la herida, después me miró —Hay que limpiarla y sacar esa bala. En la situación que estamos, no durarás mucho así.
— ¿Sabes algo de medicina? — pregunté al ver que parecía saber de lo que hablaba. Me di cuenta además de que no la conocía apenas, no sabía nada de esa muchacha que me habían encargado de proteger.
—He leído muchos libros— respondió Nora
—Menos mal… Empezaba a temer que esos conocimientos salieran de las clases de Doctor Google— respondí en tono jocoso. Iba a sonreír, pero los terribles recuerdos de aquella noche volvieron a mí. La sonrisa se congeló y agaché la cabeza. Después la miré a los ojos.
Nora me miró y pude ver cómo comenzó a llorar —Siento lo de Cristina. Lo siento mucho.
Nora me limpió la herida, aunque la bala seguía dentro. Yo por otro lado me sentía mejor. Solo necesitaba descansar un poco.
—Escucha— comenzó a decir Nora —Sé que quieres ir al instituto. Que los nuestros estarán allí, pero eso puede esperar. Hay cosas más importantes que hacer… Y lo primero es tu pierna. No lo hagas por ti, hazlo por Cristina. Ella no querría que te rindieras, querría que siguieses adelante.
La muchacha tenía razón. Si quería sobrevivir, antes deberíamos llegar al hospital, donde estaban Sánchez y Jordi. Era allí el único lugar que tenía como garantía de que podría curarme la herida de la pierna.
En ese momento escuchamos un ruido. Era el sonido de unos pasos entre la maleza de aquel parque. Aunque no veíamos de quien se trataba, era más de un individuo y se acercaba a nosotros. Instantáneamente, Nora y yo alzamos las armas y apuntamos al frente. Esperando a quien quiera que fuese, diese la cara.
*****
Félix y Lidia habían abandonado aquel túnel a las alcantarillas. La noche había sido tranquila y se habían estado turnando para vigilar hasta que se hizo de día. Con las primeras luces del sol, se habían puesto en marcha.
— ¿Qué esperas encontrar realmente en el hospital? — preguntó Félix
—En primer lugar, un refugio… En segundo lugar, esperanza— respondió Lidia. —Lo demás, supongo que vendrá solo. No busco mucho más. Sería ilusionarme demasiado.
—Ya no crees que tu pareja siga allí ¿Verdad? — preguntó Félix.
—Aún tengo esa esperanza— respondió ella —Creo que, sin esa esperanza, ni me plantearía llegar allí. Sin embargo, también he asumido la otra cara de la moneda. La posibilidad de que el viaje sea en vano— en ese momento, Lidia se detuvo y se plantó frente a Félix.
— ¿Qué ocurre? — preguntó el.
—Escucha. Esto es cosa mía y ya es mucho riesgo lo de ir allí. Si tu no quieres ir… No tienes por qué hacerlo. Pueden separarse nuestros caminos.
Félix sonrió en ese momento — ¿Y a donde voy a ir? Me parezca bien o mal… Seguiré a tu lado. Es una decisión que tomé hace días. Las cosas están como están, puede que juntos tengamos pocas posibilidades de sobrevivir, pero solos tendríamos todavía menos. El destino nos ha unido de alguna manera.
—Gracias— respondió Lidia
Ambos siguieron andando en silencio entre la maleza. Tenían el rio cerca y también el parque más importante del pueblo. Abandonaron la zona de los árboles y llegaron a la zona despejada, fue entonces cuando ocurrió algo que no esperaban, frente a ellos, había un hombre de pelo corto y barba de pocos días, sentado y apoyado en un árbol apuntando con una pistola, a su lado, había una chica joven y pelirroja, también les estaba apuntando.
Al verlos, Félix y Lidia se quedaron petrificados.
*****
Frente a nosotros había un chico rubio de pelo corto y una chica morena. Ambos habían surgido de entre la maleza y al vernos se habían quedado totalmente parados. Fue en ese momento cuando levantaron las manos.
Mirándolos y a pesar del dolor, me fui levantando sin dejar de apuntarles —Nora…— dije sin perder de vista a los dos desconocidos —… Cachéales…
Nora asintió y avanzó hacia ellos apuntándoles. Cuando los alcanzó, comenzó el cacheo. Ellos estuvieron en silencio hasta que el chico abrió la boca —No estamos armados… Ya no…
—Ya lo veremos— respondí sin dejar de apuntar.
Nora terminó de cachearlos y dio unos pasos hacia atrás sin dejar de apuntarles. Entonces me hizo un gesto de negación para indicarme que no llevaban armas. El chico me volvió a mirar.
—Te dije que no íbamos armados.
En ese momento, sentí un nuevo mareo y esta vez caí de bruces perdiendo el conocimiento. Lo último que vi antes de perder la consciencia, fueron los pies de Nora corriendo hacia mi mientras gritaba mi nombre.

Puzol…

Recuperé el conocimiento y abrí los ojos poco a poco. Lo primero que vi entonces, fue a Nora a mi lado. Esta sonrió y luego pronunció unas palabras.
—Se ha despertado.
Lo hizo como mirando a alguien que se encontraba al otro lado. Yo miré entonces hacia ese lado y vi a una mujer morena, de cabello negro y ojos verdes. Llevaba puesta una camisa de tirantes blanca, pero llevaba una mancha de sangre que parecía reciente.
Luego miré a mi alrededor y vi que estábamos en una especie de almacén. Intenté incorporarme todavía algo confuso y enseguida, aquella chica me lo impidió.
—Debes descansar. Y no moverte demasiado. Los puntos podrían abrirse— dijo ella.
Yo miré entonces mi pierna. Esta no me dolía, y, además, estaba vendada con vendas limpias. Algo que me sorprendió totalmente. No entendía nada de nada.
— ¿Qué hora es? ¿Dónde estamos? — miré entonces a la chica morena — ¿Y quién diablos eres tú?
—Ellos son Lidia y Félix— comenzó a decir Nora —Hemos tenido mucha suerte. Ella es médico cirujano. Te ha sacado la bala y te ha vendado la herida. Estás vivo gracias a ella. Ahora nos encontramos en el almacén de una tienda de pesca.
Miré de nuevo a la tal Lidia —Supongo que debo darte las gracias. ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?
—Has estado así unas ocho horas. Son las seis de la tarde— respondió Lidia. —Nora nos ha contado que os dirigíais al hospital. Nosotros también nos dirigíamos hacia allí cuando nos encontramos con vosotros.
Miré a Nora preocupado por si había hablado más de la cuenta, pero, por otro lado, parecían de fiar. De forma altruista me habían curado la pierna y en consecuencia me habían salvado la vida, siendo como era un completo desconocido.
—Hemos pensado que como todavía necesitas descansar, pasemos la noche aquí y mañana vayamos todos juntos al hospital. Ellos quieren encontrar a alguien… Sé que ya no hace falta que vayamos, pero he pensado que es posible que los nuestros hayan pasado primero por allí. No perdemos nada por ir a mirar.
Nora tenía razón. Era posible que antes de ir al instituto hubiesen parado por allí, por otro lado, allí podríamos hacernos con una de las ambulancias que permanecían allí, la cual, nos serviría para alcanzar el instituto de forma segura.
Asentí finalmente, al día siguiente nos pondríamos en marcha hacia el hospital y después, nos encaminaríamos hacia el instituto.